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Champions League

Guillermo Domínguez

El jardín del Edén

Hazard, que no está precisamente para tirar cohetes, debería saber que un jugador del Real Madrid lo es a tiempo completo, hasta durmiendo.

Guillermo Domínguez
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Hazard, que no está precisamente para tirar cohetes, debería saber que un jugador del Real Madrid lo es a tiempo completo, hasta durmiendo.
Eden Hazard ríe ante Zouma tras la eliminación del Real Madrid en Champions. | Imagen TV

Vuelve a confirmarse lo que hemos venido sospechando desde hace cuatro glaciaciones: los futbolistas –o muchos de ellos, para ser precisos y justos– son especímenes amorales a los que les resbala casi todo, con un aura perenne de estar por encima del bien y del mal. Se confirmó anoche en Stamford Bridge, de donde el Real Madrid salió con el rabo entre las piernas, pudiendo haber encajado una goleada de escándalo. Fueron sólo dos goles… y gracias.

La imagen de Eden Hazard, echándose unas risas con sus excompañeros del Chelsea pocos minutos después de consumarse la eliminación de los blancos de la Champions, ha encendido los ánimos del madridismo, y con toda la razón del mundo. Está muy bien que el belga quiera saludar a Zouma y compañía –hasta al Sursum Corda, si le viene la real gana–, pero qué menos que un poquito de decoro.

Seguro que el bueno de Eden habrá dejado muchos amigos en el club londinense, donde brilló durante siete temporadas y donde su sombra le dio 400 vueltas al nivel exhibido en el Real Madrid, pero también podría disimular las risas y mostrarse más comedido, cuando la inmensa mayoría de aficionados merengues fumaba en pipa no sólo por la derrota, sino principalmente por la imagen exhibida por el equipo en Stamford Bridge.

"Es el fútbol moderno", decía ayer Santi Cañizares, añadiendo que los jugadores antes eran "más polvorillas": si sufrían una sonora derrota y/o los eliminaban de una gran competición, el cabreo era notable, que ya habría tiempo de hacer amigos cuando las aguas bajaran más tranquilas. En eso Mourinho era un maestro, en inculcar los valores del club por encima de todo, aunque a veces se pasara de rosca.

Pipi Estrada me contó en más de una ocasión que, hace aproximadamente tres décadas, veía con frecuencia a jugadores del Real Madrid jugando a las cartas después de haber sufrido un descalabro. Al menos, insisto, lo hacían de puertas hacia adentro, dejando a los periodistas como únicos testigos –quiero pensar que involuntarios– sin hacerlo de cara a la afición.

Lo de Hazard pinta mal. El belga, que no está precisamente para tirar cohetes, debería saber que un jugador del Real Madrid lo es a tiempo completo, hasta durmiendo. Que debe representar los valores del club y que si quiere hablar con Zouma, Azpilicueta, Marcos Alonso y hasta the cat, ya tendrá tiempo de hacerlo. Que el madridismo está hundido después de la derrota y, sobre todo, de la nefasta imagen, pues el equipo está fundido físicamente (y hasta en el plano psicológico) y que, con lo que tiene, no le da para casi nada.

Se antoja complicado el futuro en el Real Madrid de Hazard, un jugador que sólo ha aportado lesiones y bromas a costa de su sobrepeso después de haber costado la friolera de 105 millones de euros. Haciendo un chiste fácil –y malo, espero que sean capaces de perdonar a quien escribe estas líneas–, podría decirse que Eden se ha metido en un buen jardín… el jardín del Edén. ¡Ay si el amigo José volviera a pillarte por banda!

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