Si ayer el silencio editorial de la prensa ante los atentados en Israel translucía su arraigado antisemitismo, los editoriales que hoy todos los diarios dedican al segundo aniversario del 11-S dejan patente que el antiamericanismo continúa siendo una constante de nuestros medios de comunicación tanto a derecha como a izquierda.
Con la honrosa excepción de ABC, todos los diarios consideran que el mundo “está peor ahora que entonces”. Hay, en este sentido, una viñeta de Ricardo en El Mundo que bien podría resumir la postura de la inmensa mayoría de los editoriales: En ella aparece Ben Laden diciendo: “Viendo la forma de actuar de Bush después del 11-S no sé si considerarle mi archienemigo o mi cómplice”. Y es que por repugnante que sea presentar al máximo representante político de las víctimas como cómplice del autor del mayor atentado terrorista de la Historia, los diarios en sus editoriales culpan a Bush en mucho mayor medida que a los terroristas islámicos como responsables de ese supuesto deterioro que ha experimentado el mundo desde aquel fatídico Once de Septiembre.
Por lo visto, el mundo estaba mejor cuando Ben Laden se paseaba impunemente organizando atentados y no ahora cuando lo que dudamos es si está muerto o continúa acosado y escondido. Por lo visto, acabar con un régimen tan brutal para su propia población como comprometido en el exterior con el terrorismo islámico como el talibán, no es una mejora ni para los afganos ni para el resto del mundo. Otro tanto podríamos decir de Sadam Hussein: El mundo estaba mejor cuando él y sus partidarios ejercitaban el terror desde el poder contra su propia población y financiando y entrenado organizaciones que, por el hecho de asesinar sólo a judíos, no merecen, por lo visto, ser calificadas ahora de terroristas ni ser consideradas aliadas de un grupo tan antisemita como Al Qaeda. Por lo visto, el mundo estaba mejor con los inspectores de la ONU expulsados de Irak que ahora, que el expulsado es al dictador. También era mejor la dependencia fundamental del petróleo que tenía el mundo libre con Arabia Saudí y que servía para financiar indeseablemente el fanatismo y terrorismo islámico, que la posibilidad de que occidente y la población iraquí se beneficien ahora de un petróleo que ya no desvía “mordidas” ni al terrorismo islámico ni a ninguna dictadura genocida.
Lo fatal de estos diagnósticos que, de mayor a menor desvarío, hacen El Mundo, El País, La Razón y La Vanguardia, es que no ofrecen una alternativa a la política emprendida por el gobierno estadounidense tras el Once de Septiembre. ¿Estados Unidos debería haber dejado impune el mayor atentado terrorista de su historia como estos diarios piden que haga el Gobierno de Israel cada vez que los judios sufren una matanza?
El País lo único que dice es que lo que se debería plantear la comunidad internacional seriamente “es el combate contra las causas del terrorismo, que se nutre del fanatismo y la miseria”. Aparte de lo que pueda de tener de justificación del terrorismo su frase, El País ignora que una de las bases fundamentales de la actuación norteamericana ha descansado en acabar precisamente con dos regímenes tan generadores de fanatismo y miseria como los de los Talibanes y Sadam Hussein. ¿Qué otra cosa sino fabricantes de fanatismo y miseria son los regímenes que Bush señaló como integrantes del famoso Eje del Mal?
La única excepción en el panorama, ciertamente repugnante, que ofrecen los editoriales de prensa en este segundo aniversario de aquella hecatombe, la constituye ABC. Este diario considera que “a pesar de los intentos de encubrir la realidad, las intervenciones en Afganistán y en Irak han constituido una derrota de la cultura del terrorismo como instrumento de chantaje e imposición y han dado lugar a situaciones más favorables para la resolución de viejos conflictos”.
ABC, en una elogiable por necesaria defensa de lo obvio, señala que los iraquíes están ante la mejor oportunidad de construir un sistema democrático” y acertadamente considera que “la resistencia y el terrorismo en Irak y los atentados en Israel no demuestran que la situación haya empeorado, sino que Oriente Próximo se ha convertido, como era previsible, en el principal frente de lucha contra el terrorismo”.
ABC también es el único en criticar el arcaico y deficiente funcionamiento de la ONU y en considerar que no fueron los gobiernos europeos los que se distanciaron de EE UU, sino el gobierno francés y alemán los que rompieron el consenso transántlantico de la UE y su respaldo a Bush.
En cualquier caso, el correcto editorial de ABC no sirve para borrar el bochornoso espectáculo que ofrecen los medios de comunicación en el segundo aniversario del mayor atentado terrorista que haya conocido la Humanidad. Las avestruces censuran la reacción de las víctimas y, nostálgicas, echan de menos a los verdugos. El mundo —dicen— está ahora peor. Ellas, desde luego.
Bush, el villano del 11-S
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