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Guillermo Dupuy

Arzalluz y los "buenos patriotas vascos"

Aunque no deberían sorprender a nadie en boca de un viejo compañero de viaje de los terroristas, estos exabruptos de Arzalluz tampoco deberían dejar de herir la sensibilidad de quienes tienen respeto al imperio de la ley y al dolor de las víctimas.

Guillermo Dupuy
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A Arnaldo Otegi le visitaría con gusto (en la cárcel). Y lo que le diría es que está teniendo el salario del individuo comprometido en una causa difícil, por su patria. Tanto a Arnaldo como a los demás que han sido detenidos los considero patriotas, y buenos patriotas además. A todo el mundo se le puede criticar por una cosa o por otra, pero lo que no se les puede criticar es que son patriotas vascos, y por tanto dignos de todo respeto y, para muchos, de admiración. Se lo han merecido porque han pasado toda una vida luchando por una causa difícil y contra un poder más grande.

Estas son algunas de las nauseabundas declaraciones que, en favor de un canalla, como Arnaldo Otegi, ha hecho en el diario proetarra Gara otro canalla como es el histórico líder del PNV, Xabier Arzalluz. Aunque no deberían sorprender a nadie en boca un viejo compañero de viaje de los terroristas, estos exabruptos de Arzalluz tampoco deberían dejar de herir la sensibilidad de quienes tienen respeto al imperio de la ley y al dolor de las víctimas. Tampoco deberían pasar desapercibidas a quienes tienen la obligación de vigilar y de impedir que encubiertas en la libertad de expresión se produzcan manifestaciones que puedan ser constitutivas de un delito de enaltecimiento del terrorismo.

Lamentablemente dudo mucho, sin embargo, que el enaltecimiento de estos "buenos patriotas" vaya a acarrearle a Arzalluz el menor problema con la justicia. Entre otras cosas, porque en tiempos de tregua, hasta el juez Garzón, que ahora ha ordenado la detención de Otegi y los demás, también suavizó –sin llegar nunca a enaltecerla– sus calificativos y referencias a la "izquierda abertzale". Eso, sin olvidar que el propio Zapatero consideró a Otegi como "hombre de paz".

Sin embargo, y dada la pesadilla orweliana que padecemos, me permitirán que salga en defensa de lo obvio al recordar que Arnaldo Otegi ha sido detenido, no por su "compromiso con su patria", sino por su intento de burlar una sentencia y una ley en vigor al tratar de reconstruir el brazo político de la organización terrorista a cuyo servicio ha dedicado su vida. Claro que Arzalluz a eso le llama "pasar toda una vida luchando por una causa difícil y contra un poder más grande". Y es que el lenguaje de Arzalluz es el propio de los terroristas. Los asesinos se consideran a sí mismos "patriotas" y también consideran que la aplicación de la ley no es otra cosa que "represión".

En cierta ocasión he relatado como un etarra en prisión al que entrevistó Fernando Reinares confirmó cómo Arzalluz visitó en 1979 a los dirigentes de ETA para pedirles que rompieran la tregua de entonces y "dieran caña" porque "la negociación del estatuto iba muy mal". Estoy seguro de que al hacer esa incitación al terror, Arzalluz también consideraba que lo que hacía no era más que una muestra de su compromiso con "una causa difícil, por su patria". Una causa y un compromiso por los que Arzalluz, a diferencia de esos otros "buenos patriotas vascos", no ha conocido el "salario" de la cárcel, sino el que le ha permitido sufragarse una muy buena vida.

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