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Guillermo Dupuy

El 15-M contra los indignados del 22-M

Estos del 15-M son indignados de pacotilla. Para empezar, son cuatro gatos comparados con los millones de ciudadanos indignados que el pasado 22 de mayo inflingieron pacíficamente al PSOE el mayor castigo electoral que haya recibido un partido político.

Guillermo Dupuy
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Mira que uno es proclive a extender la indignación que siente hacia el Gobierno de Zapatero al resto de partidos políticos cuando, lejos de ejercer la oposición, han ido de comparsa en esta crisis política y económica que padecemos. Mira que uno ha sido y sigue siendo partidario de que esa indignación ciudadana no sólo se expresase en las urnas y en el parlamento sino también en las calles ejerciendo un pacífico, legítimo y democrático derecho de manifestación. Pero, precisamente por ello, sigo sin sentir la menor identificación con esa no menos indignante panda del 15-M que, desde sus inicios, no ha hecho más que violar el Estado de Derecho con ilegales ocupaciones del espacio público y ocultar, con genéricas, disparatadas y contradictorias críticas al "sistema", que no es otro que el democrático, la responsabilidad del Gobierno socialista en el hoyo en el que nos encontramos.

Estos indignados son unos indignados de pacotilla. Para empezar, y tal y como se ha confirmado este domingo, son cuatro gatos comparados con los millones de ciudadanos indignados que el pasado 22 de mayo inflingieron pacíficamente al PSOE el mayor castigo electoral que haya recibido una formación política en el Gobierno en unas elecciones municipales y autonómicas. Estoy seguro, además, de que la mayoría de los partidarios del 15-M han sido y siguen siendo votantes de PSOE, por lo que serían tan supuestos cómplices y corresponsables de la crisis como supuestas víctimas de la misma. Además han denigrado el derecho de manifestación utilizándolo de amparo o de excusa para algo que nada tiene que ver con ese ejercicio democrático, como es el acoso a políticos y periodistas o la violencia en la que siempre se incurre cuando uno acampa, no en el campo, sino ilegalmente en medio de la ciudad.

Tras las manifestaciones del 15-M de este domingo, no han faltado, sin embargo, medios de comunicación que han vuelto a hablar del "tono pacífico" de las manifestaciones que demuestra que "la violencia no es consustancial a los indignados, y que criminalizarles en su conjunto resulta, además de un error, falso e injusto". Para empezar, supongo que lo de "pacífico" no lo dirán por los cafres que han insultado a Rita Barberá y han cercado su domicilio particular. Por otra parte, es obvio que atribuir responsabilidades colectivas, senso estricto, es siempre una injusticia y un error. Pero esto vale con los indignados del 15-M tanto como con "los políticos" contra los que, en su conjunto, por ahora y solo por ahora, va dirigida su inconcreta y despreciable indignación.

Aunque muchos ciudadanos pacíficos, tan indignados como despistados, todavía hayan secundado este movimiento que dirige la extrema izquierda con el beneplácito del PSOE, ello no borra el germen violento que el 15-M dejó en evidencia desde el primer momento con sus ilegales acampadas o violando la jornada electoral. Lejos de promover en la calle una protesta destinada a que tenga reflejo en las elecciones, la indignante farsa del 15-M está destinada en realidad a neutralizar en la calle la indignación, cívica y democrática que debe llevarse a las urnas.

Sólo en un punto estaría dispuesto a minimizar el grado de violencia que conlleva este, en realidad, indigno y antidemocrático movimiento del 15-M: y es si lo comparamos con el que van a desatar cuando el PP ocupe el Gobierno de la nación. Ahora sólo enseñan la patita, pero espérense a que los de Rajoy ganen las elecciones. Ya no irán contra el sistema, irán contra el Gobierno.

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