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El apoyo de Ciudadanos al PP no puede parecer incondicional

Que hayan querido dejar claro que el apoyo al PP no es incondicional, no significa que estén dispuestos a entregar el gobierno a PSOE y Podemos

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Las condiciones un tanto teatrales que el partido de Albert Rivera ha puesto al PP para respaldar la candidatura de Cifuentes a la presidencia de la Comunidad de Madrid les podrán parecer a algunos, tal vez, insuficientes, pero en modo alguno contradicen a esa mayoría de votantes madrileños de Ciudadanos que, según la encuesta de este domingo de Metroscopia, quieren un "cambio en la Comunidad de Madrid". Y eso por varias razones.

En primer lugar, porque una cosa es que los votantes madrileños de Ciudadanos no quieran que este partido con voluntad regeneracionista sea una simple comparsa de un PP, al que no por nada le han dado la espalda, y otra cosa, muy distinta, que prefieran ver su comunidad en manos de un PSOE sin animo de enmienda y en alianza con los comunistas de Podemos, que no son más que la mayor excrecencia que ha generado la falta de regeneración de los grandes partidos nacionales. Estoy seguro que este último "cambio en la Comunidad de Madrid" no es, precisamente, el que piden los votantes de Ciudadanos en Madrid o en cualquier otro lugar de España.

Para mí, las condiciones de Ciudadanos no vienen sino a reflejar una voluntad de pacto con el PP que, por el hecho de no ser un cheque en blanco, no constituyen, en modo alguno, un deseo de dejar que el Gobierno de la Comunidad de Madrid caiga en manos del PSOE y de Podemos. Con todo, no debería Ciudadanos exagerar el distanciamiento con Cifuentes, pues si bien es cierto que la designación de esta última fue cosa de Rajoy y no de Esperanza Aguirre, no haría Albert Rivera cosa más suicida que contribuir a que cale la idea rajoyesca de que el único voto útil contra el populismo que nos acecha es el dirigido al PP.

Soy el primero en defender que no hay que renunciar a la regeneración por miedo a la revolución. Pero ninguna regeneración hay en cruzarse de brazos para ver cómo lo malo es sustituido por lo peor. Como todo en la vida, se trata de una cuestión de equilibrio y de ser conscientes de que lo mejor casi siempre es enemigo de lo bueno. Confiemos en ello y no contribuyamos a que Rajoy –tanto o más que Gabilondo se frote las manos por una deriva de Ciudadanos que, al menos todavía, no es tal.

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