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El delirio imperialista de los separatistas catalanes

Cuidado con los delirios porque algunas veces terminan formando parte de la realidad para mucha gente

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Ya hace un par de años, con ocasión de la organización de la cadena por la independencia y su prolongación por tierras castellonenses, los nacionalistas catalanes dejaron por enésima vez en evidencia que no se contentan con un Estado propio, sino que aspiran a integrar en él lo que ellos llaman Paísos Catalans, regiones españolas que, como la Comunidad Valenciana o las Islas Baleares, jamás han formado parte de Cataluña.

Esta vez ha sido el consejero catalán de Justicia, Germà Gordó, el que ha dado rienda suelta a sus delirios pancatalanistas al abogar por un Estado propio para Cataluña, "sin olvidar la Cataluña Norte, la Franja de Aragón, las Islas y el País Valenciano". "La construcción de un Estado", afirma Gordó, "no puede hacer que nos olvidemos de la nación completa".

No faltarán quienes digan con razón que este imperialismo catalanista no es más que una pretensión tanto o más delirante que el propio invento de la nación catalana. Pero cuidado con los delirios porque algunas veces terminan formando parte de la realidad para mucha gente. Y si no, vean las encuestas y comprueben la cantidad de catalanes que se creen que Cataluña, con independencia de que alcance a dotarse de Estado propio, es una nación.

En la Comunidad Valenciana serán una exigua minoría de izquierdas los que abogan por la unidad lingüística y política con Cataluña; pero no hay que olvidar que el invento ese del País Valenciano figura en las siglas del partido socialista en esta comunidad; o que es en la obra de un valenciano, Bienvenido Oliver, donde se recoge por vez primera la denominación países catalanes; o que es también un valenciano, Joan Fuster, el primero en utilizar ese término decimonónico con un significado ya más político que lingüístico, como referencia a una sola nación y a un solo pueblo que debe unificarse políticamente e independizarse de España y de Francia.

Por delirantes que nos parezcan estas pretensiones, y a día de hoy ciertamente lo son, también a muchos les parecería surrealista que los nacionalistas terminasen por convertir unos fondos de liquidez autonómica en la principal herramienta financiera del proceso de construcción nacional catalán. Pero eso es precisamente lo que está ocurriendo, aunque sea de forma tan indirecta como decisiva y silenciada.

Con todo, si saco a colación los delirios imperialistas del Gobierno catalán es para denunciar la claudicante candidez de quienes consideran que reconociendo la independencia a Cataluña se acabaría con un conflicto que hunde sus raíces tanto en los delirios de los nacionalistas como en la irresponsable cesión y condescendencia de los Gobiernos españoles.

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