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Guillermo Dupuy

El descrédito planetario de Zapatero

Estamos asistiendo a algo que ciertamente tiene resonancia "histórica y planetaria" como es la visión de España y de su Gobierno como un peligroso lastre para la Unión Europea y como una apuesta de altísimo riesgo para los inversores internacionales

Guillermo Dupuy
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La inesperada designación de Herman van Rompuy como nuevo presidente permanente del Consejo de la UE, los desastrosos resultados de Barack Obama y de su partido en las encuestas de popularidad y en las últimas elecciones celebradas en EEUU, respectivamente, así como la negativa del presidente estadounidense a asistir a la cumbre UE-EEUU prevista para finales de mayo, son hechos que, por sí solos, ya eran de suficiente envergadura como para eclipsar ese acontecimiento "histórico" y "planetario" que, según Leire Pajin, iba a suponer la coincidencia temporal de Zapatero en la presidencia de turno de la UE con la del presidencia de Obama.

Sin embargo, con el creciente y alarmante descrédito internacional que provoca la desastrosa política del Gobierno de Zapatero corremos el riesgo de asistir a un acontecimiento, ciertamente de resonancias "históricas y planetaria", como sería la expulsión de nuestro país de la Eurozona. Por de pronto, y sin necesidad de llegar tan lejos, lo que ya es un hecho es que nuestro país es visto por nuestros socios comunitarios como un peligroso lastre para la Unión Europea y como una apuesta de altísimo riesgo para los inversores internacionales. Precisamente para tratar de mejorar esta merecida y desastrosa imagen de nuestro Gobierno, la vicepresidenta económica Elena Salgado y el secretario de Estado de Economía José Manuel Campa acaban de emprender una gira de urgencia por las principales plazas bursátiles donde tratarán de calmar a inversores y analistas respecto a nuestras preocupantes cuentas públicas.

Es de temer, sin embargo, que las palabras de Salgado y de Campa generen tan poca credibilidad como han causado los insuficientes y nada concretos planes de reforma con los que el Gobierno trata de calmar a nuestros socios comunitarios. Si bochornoso fue el espectáculo que ofreció el Ejecutivo la semana pasada al rectificar la actualización del Programa de Estabilidad 2009-2013 enviado a la Comisión Europea a las pocas horas de hacerse público, no menos lamentable es el contraste que ofrecían Salgado y Campa este lunes al tratar de trasladar una imagen de seriedad y responsabilidad a los mismos analistas e inversores a los que desde aquí José Blanco acusaba de estar detrás de una especie de conspiración internacional contra España.

Si ya lo tiene muy difícil Campa para que los inversores extranjeros se crean que con Zapatero "España es capaz de reducir el déficit publico del 11 al 3 por ciento" –reducción similar a la que en el pasado sólo fue capaz de llevar a cabo el Gobierno de Aznar–, más difícil se lo pone aun Blanco con sus "simplezas" y "paranoias", tal y como el Financial Times ha calificado a sus "conspirativas" explicaciones del porqué de la pésima imagen que nuestro Gobierno y su política económica tienen en el exterior.

Sea paranoia –o más bien esquizofrenia–, a eso han quedado reducidos los delirios de grandeza de un Gobierno que nos auguraban para este primer semestre de 2010 un acontecimiento histórico y planetario. Tanto entonces como ahora todo se debe a su permanente y enfermiza renuencia a aceptar la realidad tal y como es y a su rechazo a tomar medidas de calado para tratar de mejorarla que no se limiten a la mera cosmética.

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