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Guillermo Dupuy

La austeridad, cornuda y apaleada

La hipocrita apelación a la austeridad de este gobierno va a hacer que sea la virtud, y no el vicio, la que quede desacreditada ante los electores

Guillermo Dupuy
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A diferencia de Rubalcaba, Rajoy se presentó a las elecciones comprometiéndose ante Bruselas y ante los electores españoles a reducir el déficit público al 4,4 por ciento en 2012 y por la vía exclusiva de reducción del gasto público. Si nada más llegar al gobierno, y con la excusa del "imprevisto" agujero dejado por los socialistas, Rajoy ya incumplió su promesa de no subir los impuestos, el pasado marzo, y con la misma excusa, el presidente del gobierno renegoció con Bruselas un nuevo tope para el desequilibrio presupuestario de este año, que pasaría a ser del 5,3 por ciento. Sin embargo, como el recorte del gasto público no pasó en ningún momento de ser cosmético, y el brutal aumento de los impuestos ha resultado contraproducente hasta en términos recaudatorios, el gobierno del PP volvió poco tiempo después a fijar un nuevo tope de déficit del 6 por ciento, tope que hace nada volvió a subir hasta el 6,3 por ciento, tres décimas superior al que se había comprometido Zapatero para 2011.

Lo peor es que ni con estas se cree alguien los compromisos de reducción del déficit del PP, que no han dejado en ningún momento de ser la crónica de un paulatino y sistemático incumplimiento. Hace unos días, sin ir más lejos, era el propio gobernador del Banco de España el que alertaba de "los claros riesgos de desviación" en los objetivos de reducción del déficit. Eso, por no hablar de los Presupuestos Generales del Estado para 2013, que, lejos de reducir el gasto, contemplan aumentarlo en 9.000 millones de euros, un 5,6 por ciento más que en 2012.

A estas alturas, y más aun después de que Rajoy haya afirmado sin sonrojarse que España no tiene un problema estructural, sino tan solo uno coyuntural, en sus cuentas públicas, debería resultar evidente que la persona que ocupa la presidencia del gobierno carece, por decirlo suavemente, de convicción y entusiasmo por un modelo liberal y alternativo a ese elefantiásico peso del Estado que imponen a la sociedad el paradigma socialdemócrata y las pulsiones no menos proclives al gasto público de los nacionalistas. Debería resulta patente que este gobierno, al igual que el anterior, recorta el gasto solo lo imprescindible para no perder la posibilidad de seguir endeudándonos por falta de acreedores. Rajoy pretende ilusamente limitarse a ser el buen gestor de un modelo estructural y radicalmente insostenible y no piensa recortar ni reformar nuestro sobredimensionado sector público salvo en aquello que le permita poder contraer nuevas deudas. Lejos de tener un modelo alternativo de sociedad y un programa claro de gobierno, Rajoy va del ronzal de una contabilidad que ni siquiera es capaz de poner en orden.

Lo peor es que, como este gobierno ejecuta esta nefasta política, típicamente socialista, bajo las siglas del PP y con la bandera de la "austeridad", es la inexistente política de austeridad pública la que va a ser responsabilizada de los nefastos resultados de una política en la que la reducción del gasto público brilla por su ausencia. La hipocresía del gobierno de Rajoy va a hacer que sea la virtud, y no el vicio, la que quede desacreditada ante los electores.

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