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Guillermo Dupuy

"Nos conviene que haya tensión"

Zapatero necesita movilizar y recuperar a los votantes nacionalistas y de izquierdas que en esta ocasión o bien han vuelto a sus partidos de origen o bien se han abstenido. Ellos fueron la clave de su victoria en 2008.

Guillermo Dupuy
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No es la primera vez que el partido liderado por Rajoy supera en número de votos al partido de Zapatero. El PP ya lo hizo en las pasadas elecciones municipales, a escasos diez meses –eso sí– de volver a perder las generales de marzo de 2008. Algunos dirán que la victoria del PP en aquellas municipales fue, sin embargo, más estrecha que la obtenida ahora en estas Europeas. Ahora bien, en aquella ocasión el PP obtuvo el primer puesto con un nivel de participación mucho más alto y cercano al que se registra en unas generales, mientras que ahora se ha obtenido una victoria apenas mayor pero con un nivel de participación muchísimo más bajo. Además, hay que tener en cuenta que las elecciones europeas –aun menos extrapolables que las municipales– han sido tradicionalmente propicias para castigar al partido en el Gobierno, sin olvidar tampoco que los más de diez puntos que en 1994 le sacó el PP al PSOE en las europeas se redujeron a poco más de un punto en las generales de 1996.

Zapatero necesita, pues, movilizar y recuperar no sólo a los votantes tradicionales del PSOE sino también los votantes nacionalistas y de izquierdas que en esta ocasión o bien han vuelto a sus partidos de origen o bien se han abstenido. Ellos fueron la clave de su victoria en 2008. En aquellas generales, el Partido Popular arrebató al PSOE casi 800.000 votantes no nacionalistas y obtuvo el mayor número de votos de su historia, excepción hecha de las generales del 2000, cuarta vez en que Aznar se presentaba a unas generales. Pese a ello, Zapatero lo compensó y ganó esas elecciones gracias al trasvase de votos procedentes de IU, y sobre todo, de las formaciones nacionalistas.

Es por ello, por lo que, tal y como Zapatero confesara off the record a Iñaki Gabilondo tras aquella "entrevista-masaje" de febrero de 2008, al PSOE le conviene ahora más que nunca "que haya tensión": por mucho que aquella confesión pusiera en evidencia la hipocresía de quienes acusaban al PP de generar "crispación", lo cierto es que también reflejaba la apuesta de Zapatero por una radicalización de su discurso que fagocitara en su favor a las formaciones más a la izquierda y nacionalistas.

Ante esta previsible estrategia de radicalización y de aproximación aun más acentuada a los nacionalistas y a la extrema izquierda por parte del PSOE, el PP puede o bien dar la batalla de ideas que convenza a propios y ajenos de la validez de sus valores y principios, o bien optar por una estrategia de perfil bajo que trate estérilmente de evitar tanto una alta participación como que el PSOE sea "el refugio de los recelos que causa el PP" en el electorado nacionalista y de extrema izquierda. Esta última estrategia es, sin embargo, por la que se apostó el partido de Rajoy en el funesto congreso de Valencia.

Tan injusto sería, no obstante, poner como ejemplo de aquella nihilista y suicida estrategia del PP la posterior designación de alguien como Mayor Oreja como cabeza de lista para las Europeas, como decir que su apretada victoria de ahora consolida –tal y como acaba de decir Rajoy– lo acordado en ese Congreso de Valencia. Mayor Oreja simboliza justo lo contrario de lo que supuso aquel congreso valenciano. Tanto su persona como su discurso no ha sido otra cosa que un constante recordatorio del PP de Aznar y de los principios y valores que ha significado tradicionalmente el PP. Mayor Oreja ha supuesto, si no un cicatrizante, sí un alivio para las heridas abiertas que causaron en Valencia la ponencia y la estrategia de "caer simpáticos" a los nacionalistas. Digan lo que digan algunas élites mediáticas, fue esa estrategia nihilista, y no la segunda derrota de Rajoy o su negativa a celebrar primarias, lo que hizo a Maria San Gil abandonar el partido y hacer crecer el escepticismo entre los propios votantes del PP.

En la medida en que el PP reniegue de lo acordado en Valencia tendrá posibilidades de convertir estas europeas en la antesala de su victoria en las generales de 2012. El PP sólo puede crecer a costa del electorado de Rosa Diez y del electorado no nacionalista del PSOE. Esa es la senda de su victoria, y no el nihilista y estéril intento de no causar recelos a quienes siempre se los causará. Esa senda de las ideas, de los principios y valores y de reivindicación de la pasada gestión del PP, no sólo permitiría a Rajoy atraerse el electorado de Rosa Diez y al electorado descontento del PSOE, sino que también supondría –al menos, así lo creo yo– la única forma legítima y posible de recuperar a su favor los decisivos medios críticos del centro derecha que ahora, por culpa de las derivas y decapitaciones de Rajoy, se suman al invierno mediático que padece su partido.

Lo que me parece evidente es que por muy bajo que sea su perfil de oposición, el PP no va a poder evitar causar recelos entre el electorado nacionalista y de extrema izquierda. Sencillamente, no está en su mano, como no lo está evitar una alta participación en unas generales. Sin embargo, es mucho lo que el PP puede perder si no da la batalla y no se presenta como auténtica alternativa a la deriva nacional y económica que padece España.

Esperemos, pues, que el PP no aborte sino que consume el cambio respecto a la funesta estrategia acordada en Valencia. Sin ese cambio en el seno del PP, el "brote verde" que ha supuesto esta victoria también acabará en yerbajo.

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