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Guillermo Dupuy

Savater y la confianza en Rubalcaba

Yo también me sumo a la petición de "transparencia y explicaciones" que solicita Savater. Pero, a diferencia de él, lo hago, precisamente, porque no estoy dispuesto a conceder a Rubalcaba el más mínimo "margen de confianza"

Guillermo Dupuy
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El filósofo Fernando Savater pidió la semana pasada un "margen de confianza" para el ministro del Interior y para su "eficaz" política de acercamientos de presos etarras que, supuestamente, se desmarcan de la banda terrorista a cárceles próximas al País Vasco. No obstante, también ha demandado "transparencia y explicaciones" para que los ciudadanos puedan entender el porqué de todos estos movimientos "para evitar malentendidos y manipulaciones".

Vaya por delante que las aproximaciones de etarras a cárceles del País Vasco que se están llevando a cabo ahora no me parecerían, en principio, menos criticables que los acercamientos que llevó a cabo Aznar –por presión del PSOE de Almunia– durante el también mal llamado, aunque mucho menos infame, "proceso de paz".

Aunque lo que haya demostrado su eficacia sea la política de dispersión, si verdaderamente se ha conseguido con ella que algunos etarras rompan de verdad con la banda, pidan de verdad perdón a sus víctimas y presten su colaboración a una política auténticamente antiterrorista, no tengo objeción a que cumplan íntegramente el resto de su condena en el País Vasco. En este sentido, he de decir que estoy mucho más conforme con que la política de aproximación de los presos –no digamos ya nada de las medidas de reinserción que desgraciadamente contempla la ley– se aplique en función de la evolución individual del preso que no en función de lo que hagan o dejen de hacer en forma de tregua los terroristas que aun siguen en libertad. El problema, sin embargo, es que ni los ciudadanos ni las víctimas tenemos constancia de que esa plausible evolución de los presos se haya producido en esos términos y que tenemos todo el derecho a sospechar en que estamos ante una contraproducente política de gestos que ponen nuevamente en duda la certeza del cumplimiento de la pena y nos ponen en la antesala de la oferta de impunidad.

Es por ello por lo que yo también me sumo a la petición de "transparencia y explicaciones" que solicita Savater. Pero, a diferencia de él, lo hago, precisamente, porque no estoy dispuesto a conceder a Rubalcaba el más mínimo "margen de confianza". De hecho, considero que Rubalcaba debía haber cesado hace tiempo como responsable político del chivatazo policial al aparato de extorsión a ETA, o estar procesado penalmente, en el caso de haber sido él quien dio o transmitió la orden de cometer semejante delito de colaboración con banda armada. Esa desconfianza la hago extensiva a todo gobierno que presida José Luis Rodríguez Zapatero, el mismo que prenegoció una tregua con ETA, adquiriendo con la banda terrorista una serie de compromisos políticos y penitenciarios; el mismo que prolongó dicha negociación con la banda aun después del atentado de Barajas; el mismo que, hace unos días, aun tenía la desfachatez de alabar la negociación con ETA al afirmar que "el proceso de paz fue un instrumento que aceleró las condiciones para ganar esa batalla y ver el final de la violencia, debilitando de una manera clara a ETA".

Aunque Savater reconozca "estar un poco 'quemao' con las cosas que han pasado otros años", el caso es que vuelve a pedir un margen de confianza para un Gobierno que ya la traicionó clamorosamente en el pasado. Así, recordemos que este filósofo ya concedió en mayo de 2005 un ya entonces inmerecido voto de confianza a Zapatero al negarse a secundar una manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo que empezaba a movilizarse contra las apenas veladas intenciones del gobierno de dialogar con ETA. Savater trató entonces de justificar su postura contraria a esta manifestación asegurando que en "casa de unos amigos comunes", el presidente del Gobierno le había asegurado unos días antes que había recibido una oferta de ETA para dejar las armas "sin letra pequeña y sin contrapartidas políticas, con la única condición de que se dé salida a los terroristas presos".

Puesto que por aquel entonces Zapatero negaba haber mantenido contacto alguno con la banda, el filósofo se vio en la necesidad de puntualizar sus embarazosas declaraciones, también para evitar "manipulaciones y malentendidos". Así quiso "dejar claro que en ningún momento el presidente del Gobierno se refirió a la existencia de una carta u oferta concreta, sino que hizo referencia a los diversos mensajes que por distintos conductos proceden del entorno etarra". Con esta "aclaración", Savater aun dejó en peor lugar a Zapatero y a sí mismo, puesto que, si el presidente no le estaba hablando de ninguna oferta concreta y confidencial de la banda terrorista, los conocidos mensajes que desde hacía más de un año procedían del entorno etarra decían otra cosa. Tanto en zutabes como en documentación incautada a ETA, así como en las propias declaraciones de los proetarras, de lo que se hablaba es de la resolución de un "conflicto político" cuya "solución exige medidas políticas". Vamos, igual que ahora.

Espero que a estas alturas Savater no considere aun que "dar salida a los presos" puede ser considerado una "solución" ética y eficaz, o que, en sí misma, no conlleve una contrapartida política tan esencial como es el derecho a la Justicia. Así lo han considerado, desgraciadamente, por no tener mayor "contrapartida política", nuestras elites políticas y mediáticas desde la transición. Sé que desde entonces Savater ha aprendido muy sabiamente de muchos de sus errores, en lo que a nacionalismo y política antiterrorista se refiere. Lo que lamento es que aun pida confianza para un Gobierno que ha demostrado –más que ninguno– que no se la merece.

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