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Sólo la derrota puede traer la cura al PP

Los comunistas de Podemos serán mucho peores, ciertamente, pero no dejan de ser consecuencia de los males de "la casta".

Guillermo Dupuy
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Nunca me ha gustado aquella máxima revolucionaria del "cuanto peor, mejor", ni siquiera creo haber incurrido nunca en eso que Julián Marías llamó "el prejuicio de la medicina amarga", consistente en considerar que toda medicina ha de tener sabor inevitablemente desagradable. Pese a ello, me temo que no es realista albergar esperanza alguna de que el PP vuelva a ser un referente para los principios liberal-conservadores de este país sin sufrir antes una clamorosa e inquietante derrota que le desbanque del gobierno.

Esa derrota del PP, sin la cual no creo posible que haya catarsis alguna en este partido envilecido, no por deseada deja de resultarme amarga. Significa que la envilecedora decadencia que estamos sufriendo podría ser sustituida dentro de un año no ya por el PSOE, cosa que no implicaría sustancial cambio alguno, sino por algo aun más devastador, como sería un Gobierno comunista disfrazado con los ropajes del no menos indeseable populismo.

Con todo, y a pesar de ese riesgo, sigo considerando que no debemos renunciar a la regeneración por temor a la revolución y que no hay mal mayor que la continuidad del zapaterismo bajo siglas del PP. Una nueva legislatura en la que siguiera imperando esta corrupción ideológica, de cuya mano, por cierto, se han desarrollado sus casos de corrupción económica, será sin duda menos mala para España que la delirante, empobrecededora y liberticida acción de un Gobierno de Podemos. Pero esa persistente corrupción, si bien retrasaría, en modo alguno eliminaría la posibilidad de Podemos de llegar, más adelante, al Gobierno.

Aunque suscribo todo lo que mi admirado Carlos Alberto Montaner dice en su artículo, contraponer y señalar como preferible la corrupción de "la casta" al populismo de Podemos, tal y como hace su título, tiene tan poco sentido como contraponer la enfermedad a sus síntomas. Los comunistas de Podemos serán mucho peores, ciertamente, pero no dejan de ser consecuencia de los males de la casta. Bien es cierto que Montaner se refiere exclusivamente a la corrupción económica y no a la corrupción ideológica, que a mí más me preocupa y bajo la cual un Gobierno supuestamente liberal-conservador gasta, sube los impuestos, nos endeuda e interviene la economía tanto o más que sus antecesores socialistas.

Si desde un Gobierno supuestamente de centroderecha se nos dice que no tenemos un sector público sobredimensionado, que el problema financiero del Estado no está en su gasto excesivo sino en su falta de ingresos, y si este recetario socialdemócrata no logra, como sigue sin lograr, sacarnos de la crisis, no nos debe extrañar que se desarrollen y saquen provecho electoral quienes quieren llevar ese recetario a sus más calamitosos y aun delirantes extremos.

Me hubiera gustado que la catarsis del PP viniera espoleada por el regeneracionismo democrático, cuyas formaciones obtuvieron más respaldo en las pasadas elecciones europeas que el obtenido por Podemos. Pero el espectáculo de división, depuraciones y espantadas que está ofreciendo el regeneracionismo hace más difícil que la deseable derrota del PP no signifique ahora la indeseable victoria de los comunistas. Con plena conciencia de ese riesgo, ya sea nulo, pequeño o grande, creo que la prioridad sigue siendo la derrota de este irreconocible Partido Popular mediante el respaldo a Vox, Ciudadanos o UPyD. Lo demás es renunciar a curar el enfermo por temor a que lleguen los que consideran que la solución está en matarlo.

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