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Rubalcaba

Una policía política

Ya no reclaman abiertamente para sí todo el poder, tal y como hacia Lenin para los soviets, pero está visto que las pulsiones totalitarias del socialismo siguen ahí. Si la proclama guerrista de que "Montesquieu ha muerto" les sirvió para atentar contra la división de poderes, la obsesión de los socialistas por controlarlo todo ha llegado en esta legislatura hasta el Cuerpo Nacional de Policía. Según publicaba El Mundo este lunes, desde que el PSOE se hizo cargo de la seguridad del Estado, los cargos de "libre designación" en el Cuerpo Nacional de Policía se han incrementado en un 25,16 por ciento. Así, y gracias a la reforma del Catálogo de Puestos de Trabajo que el Gobierno de Zapatero aprobó el año pasado, todos los comisarios principales, los comisarios y los inspectores jefe son ahora "cargos de confianza" de los mandatarios socialistas.

Ni que decir tiene que los sindicatos policiales han venido denunciando los evidentes riesgos de politización que conlleva el hecho de que todos los puestos de máximo nivel sean nombrados a dedo por el poder político. La oposición, sin embargo y salvo honrosas excepciones como las de Ignacio Cosidó en este periódico, no ha denunciado esta paulitana y peligrosa deriva con la suficiente gravedad y firmeza.

Se habla mucho, y con razón, de que las responsabilidades políticas deben ir más allá que las responsabilidades penales, de tal forma que un político imputado no debería esperar a ser condenado para presentar su dimisión. Estoy totalmente de acuerdo. Pero lo que no se dice tan a menudo es que en un informe policial que forma parte de un sumario judicial no debería aparecer nada que no pretenda ser indiciario de la comisión de un delito, por mucho interés que sí pueda tener desde el ámbito político o periodístico. Esto, sin embargo, ha ocurrido hasta la náusea en la investigación policial al principal partido de la oposición. Así, por mucho interés que algunos puedan tener por saber o por que se sepa que los imputados en el caso Gürtel en unas navidades regalaron a la alcaldesa de Valencia un bolso, lo que debería resultar escandaloso es que eso forme parte de un informe policial y de un sumario judicial que no pretende presentar con ello la prueba o el indicio de la comisión de un delito. Claro que la cosa cambia cuando quien elabora el informe policial y el sumario no piensa en los efectos penales y sí en los efectos políticos que pueda tener su oportuna filtración a los medios.

Dejo al margen el escándalo de las escuchas ilegales entre los acusados y sus abogados, ya que al fin y al cabo las ordenaba un juez como Garzón que, afortunadamente, va a ser juzgado por ello. Pero ¿qué decir de las escuchas ilegales –presuntamente policiales– de personas que no tienen nada que ver con Gürtel, como las que sufrieron la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, en conversación telefónica con el responsable de Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid, Francisco Granados, o las que también sufrió Federico Trillo en conversación telefónica con el abogado Juan Ramón Montero? ¿Nos quiere hacer creer Rubalcaba que esos pinchazos los perpetraron los periodistas de Tele 5 y La SER que difundieron el contenido de esas conversaciones?

Recordemos también, por otra parte, los casos de mandos policiales que cometieron perjurio en sus declaraciones sobre el 11-M y que, saltándose el protocolo de actuación en estos casos, ordenaron destruir vestigios que podrían esclarecer los atentados. O a esos otros que ordenaron detener a dos ancianos militantes del PP bajo la ridícula sospecha de que habían agredido al ministro Bono durante una manifestación contra la negociación con ETA; o los de esos policías que esposaron tan insólita como "mediáticamente", mano derecha con derecha, a miembros del PP balear, posteriormente puestos en libertad por el juez. ¿Y qué decir, finalmente, de esos policías que perpetraron el chivatazo a ETA? ¿Querían con ese chivatazo ganarse o perder la confianza de un Gobierno empeñado en proseguir las negociaciones con los terroristas?

¿Qué policía implicado en alguno de todos estos bochornosos asuntos ha perdido por este motivo la confianza del ministro Rubalcaba? Ninguno. Por el contrario, algunos de ellos han logrado ascensos y hasta condecoraciones. Y eso es lo que ocurre y seguirá ocurriendo mientras el ascenso profesional en la policía no dependa del sacrificio, el mérito y la excelencia de sus miembros, sino de la confianza de los políticos que los nombra.

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