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A Google le entra IPO

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Al margen de los resultados trimestrales presentados durante la semana ( Microsoft, Amazon y PeopleSoft mejoraron sus cuentas, Sony cayó), la noticia digital del día, de la semana y tal vez del año, es la posible salida de Google a Bolsa en marzo del año que viene.

La primicia la ha dado el diario Financial Times, y rápidamente se ha propagado por el resto de medios de comunicación. No es extraño: Google es, además del buscador más utilizado de Internet, una de las marcas más conocidas del mundo. Conscientes de ello, los analistas no han parado de pedir a la firma estadounidense, un año sí y otro también, que lanzara su IPO, lo que aquí se conoce como Oferta Pública de Venta de acciones (OPV).

En caso de que Google diera ese paso demostraría una vez más que It’s different, ya que no utilizará las mismas reglas por las que se rigen el resto de compañías. Aplicaría otras que concederían a todos los inversores –grandes y pequeños– similares oportunidades a la hora de adquirir acciones de la empresa.

La OPV que lance Google podría estar valorada, según el rotativo, en 15.000 millones de dólares. Mucho dinero que la compañía no quiere perder ni por asomo. De hecho, con el nuevo sistema pretende evitar escándalos financieros como los que contribuyeron a la explosión de la burbuja de Internet y, por otro, evitar las altas comisiones de los bancos de inversión.

Los expertos no han tardado ni un segundo en establecer similitudes: la salida a Bolsa de Google podría causar la misma conmoción (inversora, se entiende) que cuando Netscape Communications pisó el parqué por primera vez a mediados de los noventa. Ya se sabe el resto de la historia: muchas la imitaron, surgieron las expectativas desmesuradas, se produjo el batacazo y, ahora, la recuperación. Es decir, una situación poco recomendable.

Los analistas no se conforman con una mera a salida a Bolsa del buscador. Piden más. Y entre sus deseos se contempla la posibilidad de que Google adquiera o sea comprada por una gran compañía. Tan intenso es el deseo que hasta proponen la pareja perfecta: Microsoft. Por pedir que no quede.

Sin embargo, los responsables de Google no están para grandes bodas. Prefieren las íntimas y rentables, como las que ha celebrado recientemente con empresas como Applied Semantics, Outride and Pyra Labs. No arriesgar es la clave. Recorrer grandes trechos a pasos cortos, la filosofía.

Descartadas las aventuras suicidas, la más que posible salida de Google a Bolsa generará a buen seguro unas expectativas desmesuradas. Sólo el anuncio ha producido un aluvión de noticias y cábalas sobre lo que puede dar de sí el buscador una vez quede en manos públicas. Ya suenan los tambores golpeados por el entusiasmo generalizado, ya se escuchan voces que hablan de la vuelta por todo lo alto de los valores tecnológicos a las Bolsas de medio mundo. Es el primer soplo a una nueva burbuja. Esperemos que no se hinche tanto como para que el reventón nos vuelva a atizar en plena cara.

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