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Buenas no, excelentes noticias

Los internautas cerrarán agosto pagando 48 euros por navegar a 256 kbps y terminarán septiembre con una conexión de 512 kbps por 36 euros

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Dos decisiones atinadas se han tomado con la nocturnidad y alevosía que proporcionan el mes de agosto. Una afecta a España, más concretamente a los usuarios del servicio de ADSL de Ya.com. El proveedor de acceso ha sido el primero que ha hecho caso a las recurrentes demandas de los internautas españoles. Más que el incremento en la velocidad de las conexiones, siempre han pedido una rebaja en el precio de la cuota de abono por el servicio. No quieren coches con miles de prestaciones, sino más baratos. Ya.com ha comenzado a aplicar una rebaja sustancial en su suscripción: hasta 10 euros mensuales para todos los usuarios que lleven más de seis meses abonados. No pide nada a cambio. Nada. Los internautas cerrarán agosto pagando 48 euros por navegar a 256 kbps y terminarán septiembre con una conexión de 512 kbps por 36 euros.
 
De nuevo cabe plantearse el por qué de esta decisión. Probablemente Ya.com no lance un Imagenio como el de Telefónica, pero sí añadirá nuevos servicios por los que cobrará, o intentará cobrar, a la mayoría de sus usuarios. Obviamente, una conexión tradicional (telefónica) es inválida para este tipo de servicios. Ni siquiera con una conexión de 256 kbps se puede ver un programa de televisión a través de Internet con la suficiente calidad. Ya.com ha sido la primera en darse cuenta de que tomar decisiones con varios meses de adelanto puede generar multitud de beneficios en el futuro. La compañía saldrá ganando. Que los clientes también es una obviedad.
 

 
Tal vez resulte mucho más interesante la iniciativa lanzada por Google porque agita un sector que hasta el momento permanecía inamovible: el de la publicidad. Google acaba de dar un impulso capital a los weblogs. Yendo a contracorriente y manteniendo su eterna promesa de “no hacer el mal”, la compañía ha decidido remunerar a todos los usuarios que dispongan de una bitácora en su servicio Blogger. Los ingresos provendrán de la publicidad contextualizada que se incluya en cada una de las páginas. No sólo es que Google ofrezca de forma gratuita un servicio por el que la gran mayoría cobra, es que además paga por ello. Es la revolución.
 
El modelo de negocio no guarda muchos misterios: un internauta comenta algo en su página y una empresa contrata un anuncio porque considera que su producto está relacionado con los temas que aborda. Todos felices: el anunciante porque consigue un clic, el usuario porque cobra por su trabajo y Google porque también cobra, además de añadir un soporte más para incluir publicidad. Hasta el lector gana: muchas veces los anuncios resultan útiles cuando están relacionados con la información que se lee.
 
Lo relevante del caso es que las agencias de publicidad deberán replantearse muy seriamente sus recelos a utilizar la Red como medio donde promocionar sus productos o servicios. Tenía que llegar. Había que ser muy iluso para no darse cuenta de que las nuevas tecnologías afectan a todos los sectores. Al publicitario también.
 

 
Decir que Google sufre problemas serios de gestión empresarial suena ridículo. Sólo un dato: creada en el invierno de 1998, el buscador ha conseguido en cuatro años lo que a la mayoría les lleva toda una vida, si es que lo consiguen: es la marca más conocida en Internet, sale a Bolsa (con éxito) y cuenta con millones de fieles usuarios. Todas estas virtudes no se hubieran conseguido sin una buena gestión empresarial.
 

 
Microsoft hace trampa. Microsoft miente. Microsoft trata de engañar a los internautas y encima lo hace de forma burda, que es lo peor. En su empeño de desprestigiar a Linux, la empresa de Bill Gates lanzó una campaña publicitaria en la que sostenía que Windows era diez veces más económico que el sistema operativo del pingüino. En la publicidad mostraba una comparativa en la que se eludía mencionar que los ordenadores utilizados para realizar la comparativa eran diferentes. El que tenía instalado Windows era mucho mejor, por supuesto. Qué mundo...

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