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Cuba "unplugged"

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Los dictadores no tienen el sueño tranquilo. Es apagar la luz y surgen todo tipo de fantasmas. Si a Franco le desvelaba la conspiración judeo-masónica, a Fidel Castro lo que le altera el sosiego nocturno es Internet. Al sátrapa cubano, al menos, cabe reconocerle el mérito de saber qué es eso de la Red, apoltronado como anda en su mundo de maravilla, felizmente aislado de la escoria exterior.
 
Desde este mes, los cubanos sufren nuevas y severas restricciones de acceso a Internet, después de que el régimen castrista descubriera cómo sus leales ciudadanos se saltaban a la torera las prohibiciones existentes para navegar. Y es que no hay nada como sufrir una dictadura para recurrir a la picaresca como forma de vida. La inmensa mayoría de los cubanos utilizaba ordenadores prestados –sólo pueden comprarse tras recibir la pertinente autorización gubernamental– y cuentas de acceso a Internet clandestinas adquiridas en el mercado negro por un precio que alcanzaba los 50 dólares mensuales (cuota que en España se desembolsa por suscribirse a una línea ADSL) para navegar.
 
Ahora los cubanos deberán idear nuevas tretas, ya que desde el pasado sábado está vigente la nueva legislación que, directamente, prohíbe las conexiones por la red de telefonía normal que llega a los domicilios. Cuba queda reducida a un mero islote en el ciberespacio.
 
No existe nada más repugnante que una dictadura, sea del signo político que sea. Por eso, cuesta entender las medidas que aplica el dictadorzuelo de turno con el fin de perpetuarse en el poder el máximo tiempo posible, lobotomía ideológica de sus ciudadanos incluida. No obstante, si uno hace de tripas corazón y se contiene para no vomitar, puede llegar a comprender –nunca a justificar– las medidas adoptadas por el régimen castrista. Y es que, a día de hoy, no existe mayor autopista hacia la libertad que Internet.
 
Castro es consciente de que abrir las puertas del ciberespacio a sus ciudadanos es peor que pegarse un tiro en el pie, ya que abriría una grieta de insoslayables proporciones en el hasta ahora férreo mecanismo de autodefensa informativa impuesto por el régimen.
 
Si uno se tapa la nariz y recurre al escaso sentido del humor que le queda tras leer las restricciones aplicadas por el régimen castrista, puede llegar a soltar una buena carcajada. Porque no otra cosa producen las alegaciones lanzadas para justificar la prohibición de acceder a Internet. Todo se debe, según el ministro cubano de Informática y Comunicaciones, Ignacio González Planas, a "un problema de infraestructura", lo que no se sostiene se mire por donde se mire.
 
Menos gracia provoca que Gómez Plana niegue, sin que se le caiga la cara de vergüenza, que su país está impidiendo el acceso de los cubanos a la Red. Más bien al contrario, sostiene que el "uso social" que se le da en la isla es el "más democrático y masivo" de todos los países del Tercer Mundo. Y, cómo no, una perla final: Cuba no está dispuesta a sufrir todo lo que Internet trae consigo, o lo que es igual, un mundo lleno "de hackers, de virus, caballos de Troya, ilegalidades en el uso de las redes, pornografía en Internet", argumento que contradice la idea de que los ciudadanos pueden navegar con absoluta normalidad.
 
Sólo cabe la esperanza de que los cubanos hagan buena la sentencia de que hecha la ley, hecha la trampa. Ya han demostrado que, dentro de sus posibilidades, pueden sortear las limitaciones que les imponen desde arriba.
 
Cuba está más aislada que nunca. Lo más lamentable de todo es que habrá que esperar a que el sátrapa de barba poblada exhale su último suspiro para que los cubanos no sólo tengan la posibilidad de acceder a Internet (que a fin y al cabo es lo de menos, tal y como andan las cosas), sino que puedan abrazar la libertad que todo pueblo merece. Y que todo el mundo duerma en paz.

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