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Enchufados a Internet

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Hasta la semana pasada, la promesa de conectarse a Internet a través del enchufe de la luz gozaba de la misma credibilidad que la definitiva comercialización del UMTS. O sea, ninguna. Durante varios años, los anuncios relativos a que podríamos navegar por cable eléctrico se han ido mezclando con un ahora sí y ahora no que hacían prever un estancamiento de la iniciativa hasta perderse en el sueño del olvido eterno.

Ahora parece que la cosa realmente sale adelante (no el UMTS, que sigue sin arrancar del todo ). Iberdrola ha creado el encomiable precedente de lanzar la tecnología PLC (Power Line Communication), que permitirá navegar por Internet a través del enchufe de casa.

La iniciativa es positiva se mire por donde mire. Entre otros motivos porque existen 3,2 millones de viviendas en España que no disponen de línea telefónica, cifra que tiende a crecer a medida que desciende el coste de las llamadas a través de móvil. El ahorro derivado de no pagar dos facturas telefónicas –fija y móvil– deja de compensar a muchos cuando se percatan de que, sin línea telefónica, no pueden conectarse a Internet.

Sin embargo, la electricidad es un servicio disponible en casi todos los hogares. Una vez que el servicio de Iberdrola –y los similares que ofertarán más pronto que tarde Endesa y Unión Fenosa– estén disponibles de forma generalizada, se dará un paso de gigante en la universalización de Internet. Sólo se requerirá de un enchufe y un ordenador para convertirse en un internauta potencial.

Pero, sobre todo, la implantación de la Red por el enchufe incrementará la competencia entre los proveedores de acceso. Lo que, inevitablemente, deberá contribuir a mejorar los más que paupérrimos servicios que ofrecen a día de hoy. Ni Terra, ni Telefónica, ni Ya.com, ni Wanadoo reciben el aprobado en las valoraciones que emiten cada cierto tiempo los internautas. Unos se quejan de la lentitud de su conexión, los más de la atención al cliente y ninguno está contento.

Antes de que concluya el año, Iberdrola y Endesa tendrán en su mano ofrecer la posibilidad de navegar a una velocidad similar a la que se promete por contrato, o que cuando la conexión falla se comprometan a subsanar el error sin que el usuario tenga que aguantar las quejas del teleoperador echándole en cara su ineptitud con el ordenador.

El único problema con el que nace Internet por el enchufe es grave, aunque (esperemos) reparable. La red eléctrica no está protegida contra las ondas de radio, ni otro ruido electromagnético que producen elementos como la televisión o el propio ordenador. Sin embargo, estos aparatos se auto-protegen de los ‘ruidos’ que provienen de la línea eléctrica sin importar las molestias que ellos mismo causan en la red eléctrica. De no repararse este problema, los cortes en la conexión serían cuando menos frecuentes.

Las eléctricas de toda la vida Iberdrola (nueve millones de clientes) y Endesa (diez millones) competirán mano a mano con Telefónica y el resto ISP españoles. Tal vez hubiera sido un buen comienzo que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, aplicaran unas tarifas de abono más bajas que las existentes por acceder a Internet de alta velocidad. Desgraciadamente no será así.

Lo que nadie pone en duda es que, de nuevo, es el sector privado el que toma las riendas en el fomento de la Sociedad de la Información. Y es que son iniciativas de este tipo las que realmente contribuyen a que los 1,37 millones de usuarios de Internet a alta velocidad que existían en España en agosto se multipliquen a corto plazo. Aunque sea a trancas y barrancas, la posibilidad de navegar por la Red se extiende.

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