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Esperando a Google

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Google lleva cuatro meses dejándose querer. Tras anunciar el pasado mes de octubre su salida a Bolsa “en algún momento” de esta primavera, el buscador al que exigimos resolver todas nuestras dudas en la Red arrojó un jarro de agua fría sobre analistas, inversores e internautas. Después de analizar la coyuntura económica, los responsables de la firma estadounidense optaron por la prudencia. O eso dijeron. La Oferta Pública de Venta de acciones (OPV) quedaba pospuesta hasta nueva orden.
 
Nadie en Google ha vuelto a hablar del tema, aunque existen escasas posibilidades de que finalmente la compañía recule. Simplemente está tanteando el terreno y, mientras tanto, inflando su valor. Pero seamos optimistas y supongamos que el buscador pisa el parqué ¿Cómo afectará al resto de compañías de Internet?
 
El comportamiento de Google en Bolsa servirá de termómetro para saber si la buena salud de la que ahora gozan los negocios en la Red apenas es un espejismo –o aún peor, el resurgimiento de una burbuja similar a la que estalló en marzo de 2000- o, por el contrario, supone el paso definitivo hacia la madurez de las puntocom.
 
A la espera de la conducta que muestren los títulos de buscador, todo parece indicar que asistimos a un rebote de los negocios digitales. No queda más remedio que rendirse ante los datos: bastantes empresas de Internet y Nuevas Tecnologías revalorizaron sus títulos el año pasado, algunas incluso llegaron a duplicarlos. Estas ganancias han contribuido al regreso de capital a los fondos de inversión en Internet. Una de estas firmas, WWW Internet Fund, ganó un 41 por ciento el año pasado, mientras que Jacobs Internet Fund mejoró sus resultados un 100 por cien después de que en 2000 perdiera un 79 por ciento y en 2001 un 54 por ciento.
 
No hay que dejarse engañar por estos crecimientos astronómicos. Tienen truco. Si tienes ahorrado un euro y al año siguiente aportas uno más, has duplicado tu dinero, por mucho que la cantidad sea ridícula. Lo mismo ha sucedido con los negocios en Internet. En tiempos de vacas flacas, muchas empresas cotizaron a poco más de un dólar por acción. Si ahora llegan hasta los tres dólares pueden sostener que ha triplicado su valor. No mentirán, pero tampoco dirán toda la verdad.
 
La recuperación de la Bolsa tecnológica no es el único motivo para pensar que nos encontramos en la fase de madurez de los negocios digitales. Hay otro factor de mucho más peso: los negocios que sortearon los obstáculos tras el estallido de la burbuja puntocom han permanecido por algo más que suerte. Siguen ahí porque han sabido trasformar su idea en dinero. Algunas acaban de entrar en rentabilidad (Amazon.com), otras lo lograron hace años (eBay) y unas cuantas todavía luchan a brazo partido para teñir de negro sus cuentas de resultados. Pero todas ganan dinero.
 
Obviamente, si las acciones de Google sufren el ‘efecto Terra’ (revalorización inconcebible los primeros días para, posteriormente, lamer el suelo del parqué y no volver a levantar cabeza) cundirá el pánico entre los inversores. Esta situación es la que debe evitarse. Por eso, lo que más inquieta de la probable salida a Bolsa de Google es el método elegido para llevarla a cabo. La subasta masiva de acciones a través de la Red –sistema concebido para colocar a pequeños y grandes inversores en igualdad de condiciones a la hora de adquirir acciones– puede generar sin demasiados problemas una inflación irreal de los títulos. Basta con que los pujadores incrementen su oferta hasta límites inconcebibles, primando el ansia por poseer un trozo de Google que la conciencia del valor real de la compañía. Además, lo lógico es que quien está dispuesto a pujar muy alto pretenda vender rápido, contribuyendo a la volatilidad de los títulos. Claro que, visto lo visto, dejar el control absoluto en manos de la banca de inversión tampoco es la mejor de las opciones.
 
Google saldrá a Bolsa y, a no ser que sufra un cataclismo de proporciones cósmicas, los negocios digitales continuarán su andadura por la senda alcista.

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