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Google da miedo

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Sé que me pueden tachar de hereje, pero sí, lo escribiré: estoy empezando a odiar a Google. Más bien comienza a asustarme. Mucho.

Hasta hace no demasiado tiempo era uno de los más firmes defensores del buscador. Lo consideraba perfecto (en este sentido mi opinión no ha variado), lo amaba tanto que no me avergonzaba definirlo como “mi otro cerebro” cuando navegaba por la Red. Pero las cosas han cambiado. Ya no pienso igual.

Temo a Google por muchos motivos. El primero, por una mera cuestión irracional. No me caían bien mi compañeros de escuela que completaban todos los cursos con una media académica de matrícula de honor. Eso de hacerlo todo bien, pasara lo que pasara, es una cuestión que, como mínimo, me hacía desconfiar.

Al margen de paranoias propias, pienso que Google está comenzando a ser un lastre para los negocios en Internet.

No creo que sea el diablo. Ni tampoco que sea Dios, como subrayó recientemente Thomas L. Friedman, columnista del New York Times. Pero sí lo definiría como una de las divinidades de Internet. Todo lo sabe, todo lo encuentra, todo lo resuelve, es inauditamente veloz... ¡es perfecto!

Estoy de acuerdo con los que sostienen que si no apareces en Google no eres nadie en Internet. Entre otros motivos, porque este buscador es como esa zona de peaje por la que tienes que pasar si quieres coger la autopista. Si no la atraviesas, no llegas a tu destino con la rapidez y tranquilidad necesarias. Lo malo es que Google es la única zona de peaje de calidad, y todos los internautas pasan por allí. Es un monopolio. El monopolio perfecto.

En principio no debería haber demasiados problemas: es un simple buscador de Internet. Nada más. Pero claro, también es una herramienta que utilizan diariamente cientos de millones de personas. Y ahí comienzan los peros.

Muchos negocios on line subsisten gracias a los enlaces que reciben de Google. Destinan miles de euros a posicionarse en la lista de resultados, bien contratando a compañías que se dedican a ello, bien comprando publicidad en el buscador. Su dependencia de Google es mucho mayor de lo que la gente piensa. Si, pongamos por caso, una tienda on line recibe más de la mitad de sus visitas a través de Google, éste puede acabar con ella. Simplemente cambiando su política de contratación de anuncios. Justo lo que ha comenzando a pasar.

El potente motor de búsqueda que es Google le ha permitido ir tocando diferentes palos obteniendo el beneplácito de los usuarios, pero no el de las empresas. Servicios como su comparador de precios, Froogle, puede acabar sacando del mercado a muchas compañías del sector que se las han visto y deseado para sobrevivir en tiempos de crisis. Situación similar se vive con Google News, la perfección para cualquier lector de periódicos. Actualmente indexa 4.500 noticias de diarios escritos en inglés, lo que provoca que muchos hayan visto descender el número de visitas a sus páginas. La gente, obviamente, acude a Google para informarse.

Lo peor es que, cada pocos meses, las cabezas más inteligentes de la compañía idean nuevos servicios. El último, cómo no, es perfecto. Hace más de un mes que dejan de estallarme en el ordenador los odiosos pop-ups. Todo gracias a la nueva barra de herramientas de Google, que cuenta con una aplicación para impedir la aparición de este tipo de publicidad. Como usuario, no me queda más remedio que alabar la iniciativa. Ahora bien, ¿cuántas compañías comenzarán a notar en sus cuentas de resultados la eficacia de la nueva herramienta de Google? ¿Cuántas campañas de publicidad se cerrarán ahora que los anunciantes saben que sus pop-ups apenas nadie los ve?

Google da miedo, simplemente, porque es perfecto.


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