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En la década de los ochenta, consolas de videojuegos como la añorada Atari eran campo exclusivo para los más pequeños. Ni siquiera eso evitaba que estuviera mal visto pasar las horas delante del televisor matando marcianos o manejando un muñeco que luchaba contra unos fantasmas a base de comer puntos.

Hace unos años, los videojuegos estaban anatematizados. Hasta que Sony lanzó la PlayStation, y lo que era terreno abonado para los más pequeños acabó enganchando a los padres.

Tras la diversión de millones de personas, se esconde un suculento negocio que mueve millones y millones de euros todos los años. Tanto pelean las compañías implicadas por ganar cuota de mercado que muchos han bautizado esta rivalidad como ‘Guerra de las consolas’. Tomando el símil bélico, podría decirse que los ejércitos estaban compuestos por Sony (PlayStation) y Nintendo (GameCube).

Hace menos de dos años se apuntó una nueva compañía a esa guerra. Tras varios años de prueba, Microsoft lanzó su Xbox. Y si Microsoft se mete en algo es porque hay dinero fresco detrás.

Tras una frenética guerra de precios, el campo de batalla se ha trasladado de los centros comerciales a otro lugar mucho más difuso: Internet. El futuro, sostienen los expertos, pertenecerá a los juegos on line. Ya no basta con echarle partidas a la consola. Los jugadores buscan rivales de carne y hueso, aunque se encuentren a miles de kilómetros de distancia.

En la venta de consolas, Sony puede colgarse la medalla de oro sin ningún rubor. La firma nipona confía despachar 20 millones de su PlayStation 2 durante su año fiscal. Microsoft deberá conformarse con un máximo de siete millones de unidades, según sus propios cálculos.

Si se amplia el campo de análisis puede descubrirse que la empresa de Bill Gates prácticamente ha tirado la toalla en el apartado de videoconsolas convencionales para dedicar todos sus esfuerzos a la Xbox Live, una red de pago que comunica a las consolas y permite que los jugadores puedan echar partidas entre sí a través de Internet. Cuando Microsoft hizo su presentación inicial a principios de 2002, anunció que invertiría 2.000 millones de dólares durante los próximos cinco años para dejar bien engrasado su servicio.

Los primeros resultados no han tardado en llegar. La compañía cuenta con medio millón de abonados dispuestos a pagar 50 dólares al año por jugar en red. Su principal contrincante en el sector, Sony, debe contentarse con apenas 80.000 suscriptores.

Sony se duerme en los laureles y Microsoft aprieta el acelerador sin mirar atrás. Esta misma semana, la compañía con sede en Redmond anunció que a partir del 30 de octubre sus servicios estarían disponibles en Austria, Dinamarca, Finlandia, Irlanda, Noruega y Suiza. De esta forma, incrementa a 14 los mercados de Europa occidental que pueden jugar con la Xbox Live. Entre ellos, claro, España. Sólo el tiempo confirmará si los vaticinios de la compañía ScreenDigest son ciertos: habrá 15,4 millones de europeos jugando on line en 2006.

El ingente partido que se le puede sacar a una consola permitirá que, en pocos años, se convierta en un elemento decorativo más de los salones de medio mundo. Porque las compañías que desarrollan estos cacharros no limitan la capacidad de las videoconsolas al juego. Microsoft, por ejemplo, espera que todo el entretenimiento del hogar pase por la Xbox. Desde la conexión a Internet hasta la misma televisión, todo se controlará en pocos años desde el mando a distancia de la Xbox.


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