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La brecha digital necesita puntos de sutura

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Escribir sobre la brecha digital es arriesgado. Fundamentalmente, porque existe la posibilidad de que se abalancen como fieras todos aquellos que consideran frívolo preocuparse por la distancia tecnológica que separa a unos países de otros cuando existen otros muchos problemas más acuciantes que piden a gritos una pronta resolución, como son las cuestiones relativas al hambre, a la igualdad de sexos o a la libertad. Por supuesto que todos estos críticos poseen parte de razón. Que se sepa, ni el teclado, ni el ratón, ni la pantalla del ordenador son comestibles.

A día de hoy, la brecha digital es un problema menor que, de no tomar cartas en el asunto, se convertirá en uno mayor. Porque en juego andan asuntos tan relevantes como desarrollo, libertad y, sobre todo, igualdad.

Existen ciertas obviedades sobre la brecha digital. La más clara es que cada año la distancia que separa a los países desarrollados de aquellos que no lo son se ensancha más y más. Y no sólo en acceso a Internet, sino en parque tecnológico. En este caso no hay dudas sobre qué es primero, si el huevo o la gallina: generalmente, sin ordenador no puedes navegar (bastante cuesta dotar de computadoras a, por ejemplo, los países africanos, como para además pretender que naveguen con PDAs o teléfonos móviles).

Lo más preocupante es que no es imprescindible adoptar una visión global para localizar la brecha digital. España es uno de esos países en donde la falla tecnológica no sólo existe, sino que se incrementa año a año.

La Asociación de Internautas (AI) acaba de lanzar un S.O.S. a este respecto. La contratación de líneas de acceso a Internet de alta velocidad (ADSL) apenas registró 50.260 peticiones durante el mes de julio, hasta conseguir un total de 1,3 millones de accesos ADSL en España. Esta cifra supone que apenas se dan de alta 600.000 líneas al año, muy por debajo de lo previsto por el Gobierno, que englobaba dentro del Info XXI y ahora el España.es todo lo relativo al incremento de líneas ADSL. Un hecho que demuestra, por si algunos aún no lo hubieran percibido, el fracaso de la iniciativa ya enterrada y la necesidad de que la ahora vigente cumpla lo previsto.

El problema, denuncia de la AI, no es tanto la escasa demanda de accesos de alta velocidad como su concentración. Madrid y Barcelona acaparan la mayoría de los accesos ADSL (dos de cada cinco líneas, 527.000 en total). La cara negativa de la moneda se localiza en ciudades como Soria (apenas 1. 324 conexiones) y Zamora (1.420). Ávila, Teruel, Cuenca, Segovia, Palencia y Ceuta cuentan con menos de 3.000 abonados.

Sin duda, uno de los motivos que provocan esta disimilitud tiene que ver con el elevado coste de conexión. Por término medio, un internauta debe desembolsar 44 euros al mes por navegar con unas mínimas garantías de calidad. Sin entrar en el precio óptimo, sí es necesario recordar que el actual ministro de Ciencia y Tecnología, Josep Piqué (con las horas contadas al frente del departamento), no ha echado mano de la Orden Ministerial que permite la rebaja a Telefónica (la operadora dominante) del 10% en la cuota mensual.

Esa, y no otra, debería ser la primera tarea en la que debería trabajar la persona que sustituya a Piqué. Entre otros motivos, porque un precio más ajustado a la realidad impulsaría la contratación de líneas de alta velocidad en las zonas rurales de España. Posteriormente, sería imprescindible lanzar una campaña de concienciación sobre los beneficios de Internet. Porque los tiene, y muchos.


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