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Pocos acertaron a prever el éxito de la telefonía móvil. Menos aún apostaron con convicción por los SMS, que hoy son es el gran negocio de las operadoras españolas.

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Asegura un estudio que los españoles enviamos el año pasado 19.000 millones de mensajes a través de nuestro teléfono móvil. Más que desorbitada, la cifra parece una errata. No lo es. Simplemente haga las cuentas pertinentes: tocamos a 500 mensajes por persona al año. Si sigue pensando que es mucho, continúe dividiendo: 500 entre 365 días que tiene un año, 1,36 mensajes al día. Si tiene hijos adolescentes concluirá que, si por algo se define esta cifra, es por ser tremendamente baja. Más significativo que todo esto es el resultado que se extrae si se multiplica el coste de cada SMS (0,15 euros) por los 19.000 mensajes que se envían anualmente: 2.850 euros ingresan las operadoras por este concepto. Más o menos la cantidad que Telefónica y Auna han prometido invertir en la difusión de la banda ancha entre 2004 y 2008.
 
Pocos acertaron a prever el éxito de la telefonía móvil. Menos aún apostaron con convicción por los SMS, que hoy son es el gran negocio de las operadoras españolas. Caso similar sucede con la mensajería instantánea. Mientras las principales compañías del sector no paran de mejorar sus servicios de correo electrónico, los usuarios abandonan poco a poco esta aplicación en beneficio del “messenger”. Que es sencillo de utilizar, permite enviar archivos y proporciona una rapidez de la que carece el e-mail. Estados Unidos, locomotora que marca el camino a seguir en el uso de las nuevas tecnologías, no sólo está incrementando el uso de los programas de mensajería en el hogar sino, sobre todo, en el trabajo. Sin embargo, su uso en las oficinas se topa con un grave, y no se sabe hasta qué punto insalvable, obstáculo: si las empresas relacionan Internet o el correo electrónico con el ocio, qué no pensarán de la mensajería instantánea. Sólo contribuye al charloteo, fomenta el cotilleo y, lo que es peor, estimula a perder el tiempo. Pues sí, pero sólo a medias. También del teléfono se puede hacer un uso responsable o irresponsable.
 

 
¿Cantidad o calidad? Las dos, por supuesto, pero si hay que elegir sólo una, en el caso de la distribución de música en Internet mejor la cantidad. La gran baza con la que sale MSN Music, la nueva tienda de canciones de Microsoft, es que los temas podrán reproducirse hasta en 80 dispositivos portátiles. Quien utilice iTunes, de Apple, se tiene que conformar con uno, el iPod. La obcecación de la compañía de la manzana por restringir la portabilidad de las canciones a otros reproductores distintos a iPod le ha salido rentable a corto plazo. A medio ya veremos. A largo, será un fiasco. Si iPod ha triunfado ha sido, además de por su innegable calidad, porque apenas ha tenido competencia. Sony ya ha presentado su alternativa, Microsoft lo hará en breve y, sobre todo, multitud de fabricantes andan desarrollando nuevos terminales para acabar con la hegemonía de iPod. Apple no puede permitir mucho más tiempo que iTunes e iPod dependan tanto la una de la otra. Es pura lógica empresarial: siempre es mejor apoyar tu negocio en muchas patas. Si la sostiene sólo una corres el riesgo de que se quiebre. La pata y el negocio.
 

 
Que Telefónica comience ya a duplicar la velocidad de las conexiones ADSL de todos sus abonados es una excelente noticia. Mejor es, sin duda, que surjan iniciativas como las de Amsterdam: HotSpot Amsterdam convertirá la ciudad en la primera capital europea conectada completamente por “Wi-Fi”. Lo mejor, el precio: 14,95 euros al mes por una conexión sin cables de 256 kilobits por segundo. Ante ofertas así, las de los proveedores españoles quedan ridículas.
 

 
Siemens reconoce que varios modelos de sus teléfonos móviles pueden dañar el oído. IBM retira 553.000 adaptadores de sus portátiles ThinkPad por provocar descargas eléctricas... para que luego digan que utilizar las nuevas tecnologías no es una aventura de alto riesgo.

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