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Que callen a Ballmer

Es impresionante cómo un chaval de 12 años entiende mejor hacia dónde debe encaminarse el sector que su propio padre.

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No alcanzo a saber si Steve Ballmer es apto para desempeñar correctamente el cargo de consejero delegado de Microsoft. No obstante, me caben menos dudas a la hora de concluir que como responsable del departamento de marketing sería nefasto. Aunque sea a duras penas, al hablar ante un auditorio repleto de periodistas es obligatorio tragarse el sapo de la realidad y aceptarla, por muy injusta o dolorosa que sea. Y callar. No se puede acusar a los usuarios de iPod de ser unos “ladrones” por atestar sus reproductores con canciones que no respetan los derechos de autor. Un día después de lanzar los improperios, Ballmer pidió perdón señalando que, aunque no recordaba qué había dicho exactamente, “seguro que no había estado bien”. Parece que está demasiado acostumbrado a meter la pata y añadir su nombre a las listas negras de los internautas.
 
En cualquier caso, Ballmer lleva razón. Sí, la mayoría de los usuarios de iPod almacenan canciones descargas gratuitamente de Internet por simple cuestión económica. Cuando adquieren su reproductor quieren escuchar música, pero si echan la cuenta de la vieja se les ponen los pelos como escarpias: si un iPod tiene 40 gigas de memoria y cada canción viene a ‘pesar’ unos 3,5 megas, en cada reproductor caben más de 11.000 canciones. Si un usuario sólo adquirie canciones en las tiendas que presumen de su legalidad (a 99 céntimos de euros la unidad), la cifra resultante es de 11.000 euros. Entre 11.000 y cero, a los internuatas no les cabe ninguna duda qué opción tomar. Esa es la realidad.
 
Entre las ‘perlas’ soltadas por Ballmer la semana pasada sobresale una por encima de todas. Dijo: “Mi hijo de 12 años no quiere oír que no puede poner toda la música que quiere en todos los lugares que le gustaría". Es impresionante cómo un chaval de 12 años entiende mejor hacia dónde debe encaminarse el sector que su propio padre. Consejero delegado de una de las mayores compañías del mundo, para más señas.
 

 
Dick Cheney sufrió un lapsus muy comprensible durante el debate televisivo que le enfrentó con John Edwars: en vez de dar una dirección en Internet finalizada con el no tan común “.org”, recurrió al extendidísimo “.com”. Fallo mínimo, aparentemente, pero grave en la práctica. En vez de dirigir a los telespectadores a una página en las que se explica que no se ha enriquecido personalmente con los contratos firmados entre Halliburton y la Administración por la guerra de Irak, les mandó a una web que redirigía a otra auspiciada por George Soros en la que se dan “argumentos por los que no debemos reelegir al presidente Bush”. Seguro que no le vuelve a pasar.
 

 
Las llamadas telefónicas a través de Internet permitirán ahorrar a los españoles hasta 150 millones de euros. No estoy de acuerdo. Serán más, siempre que las líneas ADSL mantengan su crecimiento y los usuarios, de una vez por todas, se quiten de un manotazo los prejuicios que les atenazan a probar nuevos servicios. Porque los internautas españoles son conservadores: el 85 por ciento no cambia su cuenta de correo electrónico ni siquiera cuando les regalan otras de mayor capacidad y, sobre todo, calidad. Es un síntoma. Tal vez el hecho real de ahorrarse un pico en las facturas telefónicas contribuya a que el VoIP despegue en España. En Estados Unidos ya lo está haciendo. Como siempre, en estos casos nos llevan años luz de distancia.

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