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Sin margen de maniobra

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Juan Costa Climent asume la cartera de Ciencia y Tecnología con poco margen de maniobra. En el medio año que permanecerá al frente del departamento, más que lanzar iniciativas deberá recomponer los platos rotos que han dejado sus predecesores en el cargo, Josep Piqué y Anna Birulés.

A pocos meses de concluir la segunda legislatura de José María Aznar, puede hacerse una primer balance de lo realizado por el ministerio de Ciencia y Tecnología. Y éste, todo hay que decirlo, no es demasiado alentador. Más que una plataforma para sacar a España de los puestos de cola que ocupa en las cuestiones relacionadas con la ciencia y la Sociedad de la Información, el ministerio siempre ha parecido un instrumento para quedar bien de cara a la galería.

El mayor reproche que cabe hacérsele a Piqué es que en todo momento ha estado con la cabeza puesta en su candidatura a la presidencia de la Generalitat de Catalunya. Su paso por el ministerio era una coartada para mantenerle en el objetivo de las cámaras y que los votantes potenciales no se olvidaran de él. Por eso su mandato puede calificarse de insípido. Apenas hizo más cosa que lanzar el sustituto del Info XXI, el España.es, que tantas críticas levantó antes incluso de dar sus primeros pasos.

Al menos le cabe el consuelo de saber que su labor ha sido mucho más positiva que la de su predecesora en el cargo, Anna Birulés. Su legado apenas se resume en fletar unos cuantos autobuses con ordenadores para potenciar el uso de Internet y en lanzar a bombo y platillo el Info XXI, que tantas esperanzas creó y que de tan poco sirvió. Su momento más crítico lo atravesó con la aprobación de la denostada Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico (LSSI).

Con estos mimbres, Juan Costa lo tiene todo para elaborar una cesta mucho más lustrosa que la de sus compañeros. El poco tiempo de que dispone le permitirá no meter mucho la pata. Más bien todo lo contrario. Casi estamos en precampaña, y todos los ministros se cuidarán muy mucho de tomar iniciativas que vayan en contra de la voluntad popular. Por eso, no es difícil vaticinar que Costa tratará en estos meses de apaciguar las iras de asociaciones de internautas y científicos que no paran (en muchas ocasiones con toda la razón del mundo) de criticar la soledad a las que se les ha sometido desde el Gobierno.

La labor desempeñada por Costa como secretario de estado (de Hacienda y Comercio y Turismo) durante los últimos años apenas ha sido criticada. Por eso resulta más doloroso su nombramiento. Podría haber sido designado ministro de Ciencia y Tecnología mucho antes. Seguro que peor que los que le precedieron no lo iba a hacer.

Bienvenido, aunque sea por tan poco tiempo.


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