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Sólo para ricos

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Probablemente muchos consideren intolerable que se abogue por la igualdad digital en el mundo cuando conseguir la social o la económica continúa siendo una entelequia. No existe la misma libertad comercial en Cuba que en Alemania, ni Sudán se plantea la posibilidad de obtener un P.I.B. tan siquiera similar al de países como México.
 
Aun así, la reducción de la brecha digital en el mundo -los países ricos son los que cuentan con más facilidades para acceder a Internet, mientras que los paupérrimos ni siquiera saben lo que es un PC- es un objetivo por el que merece la pena luchar con tenacidad. Porque no consiste en que los habitantes de Níger puedan meterse en foros o utilizar los programas de mensajería instantánea, que también. Lo fundamental, lo crítico, es que los países menos pudientes tengan la posibilidad de acceder a Internet para, más tarde, utilizar servicios como el comercio electrónico.
 
Lo deja bien claro un reciente informe elaborado por la ONU: el e-commerce contribuye a estimular la economía, crear puestos de trabajo e incluso “ayudar a los granjeros a encontrar mejores mercados donde vender sus productos”. A pesar de los buenos deseos, la realidad muestra una cara más desagradable. A finales del año pasado, el 32 por ciento de los 591 millones de internautas se localizaban en países desarrollados. En 2001, la cifra no sobrepasaba el 28 por ciento. Vamos a peor. En países como Nigeria, la penetración de Internet se queda en un 17 por diez mil. Mientras tanto, el 75 por ciento de las páginas web proviene de Estados Unidos, una cifra desconcertante teniendo en cuenta que África apenas se hace con el 0,2 por ciento.
 
La ONU prefiere no quedarse en la frialdad de las cifras e indaga en las causas de este retraso digital en los países subdesarrollados. A las conclusiones obvias –pobreza, salud y educación como principales frenos– se añaden otras como el escaso número de ordenadores por habitante, la lentitud de las pocas conexiones de acceso existentes y su alto coste.
 
Paradójicamente, los países subdesarrollados están siendo los lugares de destino preferidos a la hora de externalizar funciones. El escaso coste de la mano de obra ha provocado que muchas compañías dependan tecnológicamente de firmas que operan en lugares tan remotos como India o China.
 
La brecha digital se extiende y el comercio electrónico es el mejor termómetro para conocer la salud de la Sociedad de la Información. Pero ojo, que para constatar el retraso en materia de e-commerce tampoco es necesario tomar un avión. Miren a su alrededor, porque España sigue estancada en compras y ventas a través de la Red. Lo ha vuelto a desvelar la revista consumer: ninguna zona española concede un aprobado al comercio electrónico “en seguridad del pago ni en la percepción de garantía de los derechos del consumidor”, apunta el estudio.
 
Ni siquiera los más jóvenes, que por pura lógica deberían ser los que tiraran del carro del comercio electrónico por horas de navegación y número de usuarios, ”confían en Internet como medio de compra, ya que ningún tramo de edad le concede siquiera 5 puntos”.
 
Hay veces que dan ganas de ponerse a llorar. De desesperación, claro.
 

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