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Terra suelta lastre

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Esté donde esté, a Juan Villalonga se le ha debido de caer la cara de vergüenza esta semana. La gran empresa de Internet que quiso montar, el primer portal del mundo en español que preveía crear, la mejor compra de una empresa de Internet que afirmó haber cerrado, ejemplifica a la perfección la máxima “cómo liderar la peor operación económica de la historia y no morir en el intento”. Terra se deshizo del fardo que desde hacia varios años representaba Lycos por una cifra entre 77,9 y 94,3 millones de euros. Pasará a manos de una empresa coreana.
 
Tras el acuerdo firmado en 2000, por el que pagó 12.000 millones de dólares (echen cuentas en pesetas, produce escalofríos), Terra ha perdido el 99,2% de su valor empresarial en menos de cuatro años. Por cada cien euros que Terra deesmbolsó en su momento por el portal estadounidense, ahora recibe menos de uno. Nadie con un mínimo de cabeza empresarial puede defender la operación orquestada por Villalonga, desaparecido convenientemente en combate.
 
Lo peor, sin embargo, no es que Terra haya malvendido Lycos. Lo peor es que la haya maltratado durante cuatro años. La gestión en este periodo ha tendido hacia lo pésimo. Porque la compra fue fantástica respecto a las posibilidades que ofrecía. El error fue colocar al frente de la gestión a una persona que nunca llegó a entender cómo debían sortearse los obstáculos surgidos tras el boom de Internet. Terra sólo tendría que haberse fijado en Yahoo!, que ahora registra beneficios, aumenta el número de suscriptores y se dispara en Bolsa.
 
Contrariamente a lo que podría pensarse, Terra se queda coja, pero podrá caminar más deprisa. Siempre y cuando Telefónica, que ahora está al frente del portal, le ofrezca el espacio necesario. Se abre un panorama contradictorio: brillante en el sentido de que Terra gana flexibilidad, y desolador en cuanto a que la venta de Lycos puede entenderse como el primer capítulo de una desmantelación.
 

  
Todos los internautas disfrutaremos a partir de septiembre de un aumento generalizado en la velocidad de bajada de nuestras conexiones a Internet. Porque las de subida se quedan estancadas en 128 kbps. Dos peros a la decisión: que se ha tomado demasiado tarde y que no va acompañada de una necesaria rebaja de los abonos. Porque muchos internautas tienen suficiente con 256 kbps para navegar, pero les cuesta llegar a fin de mes. Sucede lo mismo que con los DVDs: a la mayoría le interesa una higa que le ‘regalen’ multitud de extras. Lo que quieren es que la copia sea más barata.
 

 
Si Luis Figo convoca una conferencia en el estadio del F. C. Barcelona para defender el juego de Real Madrid, lo mínimo que puede esperar es que a la salida le lancen tomates. Si la SGAE acude a la Campus Party a ‘vender’ el canon en los CDs vírgenes, lo obvio es que sus representantes salgan entre abucheos. Y más cuando se sostienen memeces de este calibre: “Internet desparecerá si no se respeta la propiedad intelectual” porque no habrá contenidos. La SGAE, como en casi todo, demuestra no tener ni idea de lo que sostiene con increíble solidez: de los miles de millones de páginas que atestan la Red, un pequeño tanto por ciento lo componen textos protegidos con los derechos de autor. La música desparecerá, Internet desparecerá... Tal vez lo que debería desaparecer es la antigualla de la SGAE.

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