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Mandar mensajes de texto a través de teléfono móvil o utilizar el correo electrónico deja tu coeficiente intelectual lamiendo el suelo, tu cuerpo a mil y a los compañeros de oficina tirándose bolígrafos a la cabeza.

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Depende del carácter de cada uno tomarse en serio o no los múltiples estudios que, casi a diario, difunden los medios de comunicación. El que esto escribe prefiere responder a las barbaridades con una sonrisa, porque si no acabaría arrojándose por el Viaducto madrileño con un peso de una tonelada colgado del tobillo. Faltaban pocas lacras que achacar a los usuarios de Internet, y aún así han escarbado hasta conseguirlo: resulta que ahora estamos dos veces por debajo del nivel de un fumador de marihuana en cuestión de inteligencia o, dicho de forma más científica, en coeficiente intelectual.
 
Conozco a algunas personas tocadas (aunque todas muy inteligentes) por haber consumido marihuana en exceso. Sin embargo, aún estoy a la espera de cruzarme con un usuario de correo electrónico o de mensajes SMS que se quede en babia cuando le hablas. De lo cual se concluye que, o bien mis análisis empíricos son francamente mejorables, o bien que el estudio pretende hacer mucho ruido para esconder su vacuidad. El amarillismo, esa lacra que con tanto consenso se achaca sólo a los medios de comunicación, también ha llegado a las sesudas compañías que elaboran informes sobre cualquier cosa y a psicólogos aquejados de un feroz deseo por disfrutar de los quince minutos de fama warholianos.
 
El estudio es fantástico porque arrasa con alguna de las creencias establecidas y constatadas. Siempre se ha subrayado que las nuevas tecnologías contribuyen a la mejora de la labor profesional. El correo electrónico, por ejemplo, aligera la comunicación entre los empleados y, por ello, la mayoría de las compañías lo han incorporando sin una sola reticencia. Sin embargo, el estudio encargado por HP subraya que estamos equivocados: las nuevas tecnologías, y más concretamente el "e-mail" reducen la productividad de los empleados, además de crear estrés y mal ambiente de trabajo. La monda.
 
Es decir, mandar mensajes de texto a través de teléfono móvil o utilizar el correo electrónico deja tu coeficiente intelectual lamiendo el suelo, tu cuerpo a mil y a los compañeros de oficina tirándose bolígrafos a la cabeza. Aunque mejor concretar: porque a los que deja idos es a los casi 900 millones de internautas que existen en el mundo y a los millones de españoles que enviaron 19.000 millones de SMS en 2003. Lo extraño es que España no esté anegada por la saliva que cae de la comisura de nuestras bocas.
 
Conclusión: Internet (y los SMS) te dejan el coeficiente intelectual tocado. No es el único efecto pernicioso: porque Internet nos transforma en pecadores, destroza nuestra relación amorosa y nos convierte en pederastas. Y si además nos da por aficionarnos a los videojuegos la cosa es peor, porque estaremos dando el primer paso hacia la ludopatía. Nos vemos en el manicomio, en la cárcel, en el bingo o en alguna fiesta de divorciados.

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