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Tontos o algo peor

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Cuando se ven películas como 'Parque Jurásico', el espectador sabe perfectamente que todo es pura ficción. Los dinosaurios sólo existen en nuestra imaginación, en los libros científicos y, desperdigados, en las salas de los museos. Ya son parte del pasado.
 
De igual forma, cuando uno revisa viejos clásicos del cine español como 'Los tramposos', interpretada por los incombustibles Tony Leblanc, Concha Velasco y Antonio Ozores, surge la misma sensación: todo lo que se narra pertenece al pasado. Nadie, en este comienzo de siglo XXI, sucumbe ante timos como los del tocomocho o el de la estampita.
 
Incrédulos que somos, consideramos que, al revés que las meigas, haberlos no haylos. Pero sí, hay muchos. Muchísimos más de los que se cree.
 
Es inexplicable que miles de personas hayan picado en el timo más reciente de la Red. Varias bandas organizadas se dedicaron a enviar cientos de miles de correos electrónicos a usuarios de países de todo el mundo en los que se les comunicaba que, o bien les había tocado el Gordo de la Lotería Nacional de España, o bien el correspondiente a la Lotería Primitiva. En el correo se les invitaba a que enviaran una determinada cantidad de dinero con el fin cubrir los trámites necesarios para remitirles el dinero ganado hasta su país.
 
Hubo casos, incluso, en los que se solicitaba dinero para sobornar a "alguna autoridad aduanera española o europea que supuestamente pone pegas a la salida de una cifra de divisas en forma de premio tan elevada". En caso de que no pudieran enviar dinero, bastaba con que les facilitaran la cuenta bancaria.
 
No importa que el anuncio del premio llegara por un medio tan poco tradicional como el correo electrónico. Menos importancia parece tener que las víctimas ni siquiera hubieran participado en tales concursos. Todo eso daba igual. Fue comunicarles que eran millonarios y la razón se les nubló. Picaron.
 
Obviamente, si hay que criminalizar a alguien, la mayoría señalará a Internet como causa de todos los males, timos, estafas, hurtos y pillajes. La Red, recordemos, es poco más que lugar abonado para ejercer la impunidad en todas sus vertientes. Pero una vez más volverán a ser críticas injustas. Porque la culpa debe achacársela a la bondad (¿estupidez?), confianza (¿estupidez?), inocencia (¿estupidez?) o avaricia (¿estupidez?) de las miles de personas timadas.
 
En Internet no hay que tomar más precauciones que en el mundo real. Cuando uno recibe la visita en su casa de una persona que asegura pertenecer a su entidad bancaria pidiendo nuestro número de cuenta bancaria, como poco se tuerce el gesto. Lo lógico es que se exija documentación y datos personales para, posteriormente, corroborar a través de una llamada de teléfono que esa persona es quien dice ser y trabaja donde promete trabajar. Hasta que no se obtenga esa confirmación, la mayoría no soltará ni un número por su boca.
 
Lo mismo sucede, o debería suceder, en Internet. Máxime cuando estafas como la del nigeriano ya forman parte de lo peor de la historia de la Red. Si un banco se pone en contacto con usted por correo electrónico, desconfíe. Si no juega a la lotería jamás piense que le va a tocar. Si le ofrecen una millonada a costa de un pequeño adelanto, ríase, pero no pique.
 
Vistas así las cosas, la principal conclusión que puede extraerse es que la película 'Los Tramposos' debería se catalogada como de rabiosa actualidad.

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