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Tres caminos, todos positivos

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Hasta comienzos de 2000 America Online (AOL) capeaba los problemas intrínsecos a cualquier empresa. Su cara mostraba signos saludables y su espíritu tendía a lo combativo. Era la primera compañía de Internet del mundo, la envidia del sector, la firma donde todo el mundo quería trabajar. Pero la cosa cambió de la noche a la mañana. El rostro de la compañía comenzó a denotar signos de flaqueza. Lo que en principio se diagnosticó como una gripe, pasó a malestar general y, cuatro años después, a estado crítico.
 
AOL renquea. La niña bonita ahora es una apestada. De ostentar el puesto de jefa tras la absorción de Time-Warner, a pasado a ser un socio incómodo al que no se sabe cómo explicar que debe abandonar el barco.
 
Cuando compró Time-Warner por 350.000 millones de dólares, a los medios de comunicación le sobraron segundos para tildar la operación empresarial de histórica. Fueron tantas las expectativas creadas que esos polvos trajeron los lodos de la emulación. La operación estadounidense espoleó las ansias compradoras del por entonces presidente de Telefónica, Juan Villalonga, quien, en un gesto similar, adquirió Lycos. Varios años después se ha demostrado que ambas fusiones resultaron un sonado fracaso. Tanto, como para que el futuro de AOL se ponga en tela de juicio. Según el diario The New York Post, Time Warner sopesa qué salidas dar a su división de Internet: venta, escisión o reestructuración. La solución no se tomará hasta el consejo de administración del próximo mes.
 
Hasta entonces tendremos que acostumbrarnos a la elaboración de toda suerte de quinielas. Con el bolígrafo en la mano, analistas, periodistas e inversores han dejado caer una cruz del lado de Microsoft, compañía que, como siempre que aparecen noticias de este tipo, es una de las más serias candidatas para dirigir el futuro de la AOL. Time Warner lo niega por activa y por pasiva y Microsoft calla. La noticia del posible interés fue publicada en CNN que, ¡oh casualidad!, pertenece a Warner.
 
La empresa de Bill Gates no es la única que ha entrado en las quinielas. También aparecen la compañía InterActiveCorp, el portal Yahoo! e, incluso, el antaño presidente de AOL, Steve Case.
 
La afilada espada que pende sobre la cabeza de AOL no hace más que castigar su mal comportamiento de los últimos años. Como esos colegios que expulsan a los alumnos que repiten curso más de dos veces, Time Warner ha sacado números para concluir que ya está bien, que no merece la pena sufragar los gastos de AOL. Es bastante significativo que los últimos resultados de Time Warner, en los que por primera vez no se incluía a AOL, retomaran la senda de los beneficios. De 78.268 millones de euros negativos registrados en 2002 (con AOL), pasó a 2.600 millones de euros positivos un año después (sin AOL). Time Warner funciona cuando se centra en las actividades ‘naturales’: películas, medios de comunicación y, en menor medida, música.
 
Más que una ayuda, AOL ha sido un lastre para Time Warner desde que sus presidentes sellaron el acuerdo de fusión. La firma de Internet cerró el cuarto trimestre de 2003 con 24,3 millones de abonados en Estados Unidos. Sólo en 2003 contabilizó 2,2 millones de bajas, 399.000 de ellas en el último trimestre. En enero de 2001, cuando se registraban tasas de penetración de Internet muy inferiores a las actuales, AOL contaba con 27 millones de suscriptores.
 
Cuando Steve Case y Gerald Levin anunciaron el matrimonio de ambas empresas, señalaron que apadrinaban a un gigante en cuya mano estaría la llave del ocio y del entretenimiento: Internet, música, cine, televisión y prensa eran suyos y sólo suyos. Cuatro años y varias cuentas de resultados descuadradas después, ha llegado el momento de tomar cartas en el asunto.
 
Cualquiera de las medidas que adopte Time-Warner serás positivas para reflotar un negocio que hace aguas por todos lados. Sólo así AOL podrá recuperar la hegemonía que disfrutó antaño. Los cambios, junto con la llegada de dinero fresco gracias a la participación de AOL en la salida a Bolsa de Google, pueden ser las claves para que el enfermo mitigue su delicada salud de una vez por todas.

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