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Usuarios infieles

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Por mucho anti-americanismo que sobrevuele la conciencia social en la España de comienzos del siglo XXI, es indudable que al otro lado del Atlántico nos sacan varios cuerpos de distancia en muchísimas cuestiones. Tal vez en demasiadas. Y negar lo contrario es, simplemente, no querer ver la realidad.
 
Un ejemplo puede encontrarse en Internet: cuando España llega a un sitio, Estados Unidos ya ha dado dos vueltas sin soltar una gota de sudor. Por eso resulta tan importante saber qué se hace allí, cuáles son las nuevas tendencias o por qué los usuarios estadounidenses tienen las costumbres que tienen.
 
 
Un reciente informe del Pew Internet and American Life Project indaga en el nuevo perfil de los internautas. Qué buscan, cómo se comportan y qué piensan son algunos de los aspectos que analiza. Los resultados, aparte de reveladores, marcan una tendencia que, probablemente, España adopte en el futuro.
 
El estudio recalca que el 31 por ciento de los estadounidenses se considera usuario avanzado en las nuevas tecnologías, es decir, cuenta con conexión a la Red, teléfono móvil y televisión por cable. De estos, dos tercios son relativamente jóvenes (no sobrepasan los 30 años) y, contrariamente a la idea generaliza, están dispuestos a pagar por contenidos en la Red.
 
Existen más datos sobre los periódicos a tener en cuenta: apenas el 19 por ciento de los consultados reconoce estar concernido por el futuro de su diario o revista favorita. Para la mayoría, si tiene que cerrar por falta de liquidez, que cierre, que la vida va a seguir. Puestos a elegir, a su juicio la vida sería mucho más agradable si tuviera que desprenderse de su periódico favorito en vez de hacerlo de otros elementos claves en su día a día como el ordenador, Internet, teléfono móvil, correo electrónico o televisión por cable. Algo lógico teniendo en cuenta que Internet, la televisión por cable y los móviles están presentes en al menos un 60 por ciento de los hogares norteamericanos, porcentaje que alcanzarán en breve los reproductores y grabadoras de DVD.
 
Estos datos no dejan de ser inquietantes: los estadounidenses no encuadran en el mismo grupo a los periódicos que a la televisión o Internet. Siendo todas ellas fuentes de información, los diarios gozan de un descrédito incomprensible que no puede achacarse tan sólo a la pereza que supone leer en papel. Tampoco es que la televisión salga muy bien parada: el informe señala que al 74 por ciento les resultaría muy difícil vivir sin su ordenador, y apenas un 48 por ciento considera que renunciar a la televisión comportaría un tremendo disgusto.
 
La situación estadounidense comienza a encontrar seguidores en algunos países europeos, como Alemania. Un estudio elaborado por la firma Forsa destaca que las  personas entre los 14 y 49 años dedican una media de 22 minutos al día a leer el periódico, mientras en Internet se pasan 49 minutos, 40 más que en 1999.
 
No hay que alarmarse por estos datos. Son consecuencia de la progresiva implantación de Internet en la sociedad desarrollada del siglo XXI. Como cualquier novedad –la Red comenzó a utilizarse seriamente hasta hace diez años– su receptividad conoce picos. Internet está ahora arriba, situación que deberían aprovechar las compañías para ganar cuota de usuarios. Que luego, ya se ve, te olvidan sin el menor remordimiento.
 

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