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Capitalismo salvaje contra socialismo humanista

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La tesis de que el capitalismo es un mal sistema para el hombre común se basa principalmente en dos argumentos: hace a los ricos más ricos y a los pobres más pobres y es indiferente al dolor que causa porque para que funcione correctamente debe hacerlo bajo las leyes inflexibles del mercado, distribuyendo la riqueza según patrones que no dependen de ninguna voluntad humana específica.
 
Para remediar esos "males", son muchos los políticos, economistas e intelectuales que en todas partes del mundo proclaman la necesidad de "humanizar" al mercado. Por supuesto que esa "humanización" no tiene otra forma efectiva de instrumentarse sino a través de la voluntad "soberana" del sistema político. Es decir, esa teoría sostiene que cuanto mayor es la "intervención política", mayor es la sensibilidad social hacia los problemas de los ciudadanos. Esos son los pilares en que se apoyan, ayer y hoy, los fundamentos del socialismo, del estatismo y del intervencionismo estatal.
 
La dura realidad se encarga de demostrar constantemente la falsedad de tal razonamiento. Sin embargo, parecería que a los latinoamericanos les gusta más el "encantamiento" de las palabras amables que las pruebas irrebatibles de los hechos reales. América Latina gana el campeonato mundial en esas lides.
 
Estos días en Uruguay se volvió a confirmar tal aseveración. En el 2002, el país sufrió los embates de una crisis financiera tremenda. En un país cuyo PIB ese año fue de 12.321 millones de dólares, el Banco Central dispuso de 1.000 millones de dólares para apuntalar a bancos en problemas.
 
Aún así, más de la mitad de la banca nacional se fundió. Sigue en actividad gracias al "generoso" apoyo del sistema político que "repartió" los costos entre todos los habitantes, aún entre aquellos que no habían asumido riesgos y debieron pagar por otros. Eso fue así porque el Estado les "regaló" 1.000 millones de dólares a los ahorristas para que pudieran recuperar la mayor parte de sus ahorros. Por ley, a fines del año pasado, fueron creados los "Fondos de Recuperación de Activos" para administrar y devolver los depósitos de los bancos quebrados.
 
Ahora hay un proyecto de ley, con media sanción del Senado, que habilita a los ahorristas con cuentas no superiores a 100 mil dólares, cuyos fondos fueron transferidos con su consentimiento durante la crisis al Trade and Commerce Bank (también actualmente fundido) de las Islas Caimán, donde recibían altísimos intereses, a formar parte de los acreedores de los "Fondos de Recuperación de Activos". Fuentes del Banco Central afirman que en el caso del proyecto para incluir a los ahorristas del Trade and Commerce Bank se constató que al menos el hermano de un senador que votó afirmativamente en la Cámara Alta tiene un depósito en ese banco extranjero de 88 mil dólares.
 
La autoridad monetaria entiende que los ahorristas del Trade and Commerce Bank "no están comprendidos" en la ley que protege el secreto bancario porque esa ley sólo ampara a los depósitos y la información referida a los ahorristas que operan en la plaza financiera local y amenaza con divulgar más nombres. Otro de los hermanos del citado senador –quien es diputado por el mismo partido– declaró a la prensa que aún no tiene posición tomada sobre la iniciativa, pero que en general su votación está en "sintonía" con la que adopta su partido en el Senado.
 
Los uruguayos seguimos votando por el socialismo "humanista", mientras la terrible sangría poblacional que padecemos emigra hacia aquellos países donde rige el capitalismo "salvaje". ¡Toda una paradoja!
 
© AIPE
 
Hana Fischer es analista uruguaya.

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