Menú

El Estado, las crisis y los burócratas internacionales

Si hay libertad cambiaria, esa desconfianza hacia los gobernantes se traslucirá en una alta dolarización de la economía y, si hay dictadura económica, por medio del surgimiento de los mercados negros.

0

¿Por qué se producen las cíclicas crisis económicas? Esta es una de las preguntas más recurrentes entre los estudiosos del tema. Hasta el momento no se ha encontrado una respuesta que logre consenso, a pesar de los numerosos esfuerzos que se han hecho al respecto.

De lo que no cabe la menor duda es que esos ciclos, cuando entran en la fase de descenso, provocan grandes sufrimientos al hombre común. Las secuelas son por todos conocidas porque las hemos vivido reiteradamente en carne propia: crisis económicas y financieras, quiebra de empresas y bancos, desempleo... En resumen, una situación muy angustiosa.

En consecuencia, encontrar la razón de esas crisis no es un tema baladí. Lo que llama la atención acerca del problema es que las explicaciones acerca del origen de esta reiterada situación son muy variadas e incluso antagónicas. Pero observamos que la inmensa mayoría de los intelectuales recomiendan la intervención del Estado como "remedio" para los desequilibrios. Dicho en criollo, recomiendan que los gobernantes acentúen tanto las regulaciones como su intromisión en los asuntos de los particulares.

No obstante, otros pensamos que el Estado es el gran responsable de que esos ciclos se produzcan. Y que su intervención, lejos de suavizar el problema, no hace más que acentuarlo. Hace tiempo que Friedrich Hayek expuso su teoría de que el monopolio estatal de la emisión de moneda es la causa principal de las crisis, mal llamadas de "sobreproducción". Abiertamente declaró que "el derecho exclusivo de emitir y regular el dinero no ha contribuido a proporcionarnos una moneda mejor de la que habríamos tenido de otra manera, sino posiblemente mucho peor". Una de las nefastas derivaciones de este hecho ha sido el aumento desmedido del gasto público.

Hayek también mantiene que "al estudiar la historia del dinero, uno no puede dejar de preguntarse por qué la gente ha soportado un poder exclusivo ejercido por el Estado durante más de 2.000 años para explotar al pueblo y engañarlo".

La respuesta a la que nosotros hemos arribado es que en las personas hay una conducta dual. Por un lado, está tan arraigado y fomentado a través de la cultura el mito de la conveniencia de esa prerrogativa estatal que pocos osan ponerlo en duda. No obstante, las personas tienen tan claro que los gobiernos son los principales responsables de las crisis –aunque esa idea no aparezca nítidamente en sus mentes– que siempre han buscado mil formas de burlar ese absolutismo estatal. Uno de los mecanismos más utilizados es atesorar su capital en moneda diferente a la que el "curso forzoso" las obliga a aceptar y, tan pronto como pueden, se deshacen de la moneda local, cambiándola por monedas confiables.

En Latinoamérica lo usual es desesperarse por el dólar. Si hay libertad cambiaria, esa desconfianza hacia los gobernantes se traslucirá en una alta dolarización de la economía y, si hay dictadura económica, por medio del surgimiento de los mercados negros. Para el hombre común la respuesta es evidente. Lo único que le interesa es no permitir que sus ahorros se esfumen y, consecuentemente, apela a los mecanismos que considera más aptos. Pero lo destacable es que la tónica común es que todos quieren protegerse "del Estado".

En Uruguay, las autoridades consideran que el nivel de dolarización en el país es "preocupante" y han actuado para tratar de reducirlo gradualmente. Sin embargo, la desdolarización no prospera por la resistencia popular.

Entonces, ¿cómo podría catalogarse una medida cuyo propósito manifiesto sea impedir que los individuos tomen las precauciones que consideran imprescindibles para poner a salvo su patrimonio? Porque el experto del Banco Interamericano de Desarrollo, Eduardo Levy Yeyati, sostuvo en un análisis publicado recientemente que la elevada proporción de los depósitos en moneda extranjera, un 90%, "expone a Uruguay a situación de crisis y recomendó instrumentar cláusulas que habiliten la reprogramación automática de los plazos fijos ante una corrida" bancaria. Propuso, aunque parezca increíble, institucionalizar "los corralitos" que arruinaron a los argentinos. Aberrante, ¿no?
© AIPE
 
Hana  Fischer es analista política uruguaya

En Libre Mercado

    Lo más popular

    Servicios