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La economía y el colesterol

Cuanto más gastan los "protegidos" políticos, mayor destrucción de riqueza se produce. La razón es simple: el dinero no está en manos de los individuos y empresas más productivos, sino en las de quienes logran presionar más.

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Los políticos siempre justifican sus intervenciones arbitrarias de los mercados con el argumento de que están "estimulando" el gasto y, así, la vitalidad de las empresas y trabajo para la gente. Pero, ¿es realmente así?

En Lo que se ve y lo que no se ve, Frédéric Bastiat (1801-1850) puso sobre el tapete este tema, al escribir que en "la esfera económica, un acto, una costumbre, una institución, una ley no engendran un solo efecto, sino una serie de ellos. De estos efectos, el primero es sólo el más inmediato; se manifiesta simultáneamente con la causa, se ve. Los otros aparecen sucesivamente, no se ven; bastante es si los podemos prever". Pero más alarmante es "que casi siempre sucede que, cuando la consecuencia inmediata es favorable, las consecuencias ulteriores son funestas, y viceversa".

Con respecto al consumo, podemos decir que es comparable al colesterol: hay uno bueno y otro malo. El primero es beneficioso para la salud, pero el segundo acarrea serios riesgos. Incluso puede conducir a la muerte.

Al igual que el colesterol, la demanda agregada –o sea la cantidad de bienes y servicios que los habitantes del país, las empresas y el Gobierno desea consumir a un determinado nivel de precios– debe someterse a "análisis clínico". El objetivo es evaluar los potenciales peligros que corre el "organismo" social y para ello es fundamental determinar su nivel en el cuerpo de la nación.

Sabemos que lo que determina los efectos benéficos o malignos de cada tipo de colesterol es el tipo de alimentos que ingerimos. Del mismo modo, para saber si el gasto de los consumidores está enriqueciendo o empobreciendo a la nación, hay que determinar el origen del circulante.

Si la gente obtuvo el dinero que está gastando en transacciones voluntarias, el país se está enriqueciendo. Por el contrario, si apeló a la "mano de hierro" del Estado para obtener ventajas indebidas a costa de otros, el país se está irremediablemente empobreciendo. En otras palabras, lo que hay que determinar es quién hizo la distribución: ¿el mercado o los políticos?

En Uruguay, el Gobierno ha tenido una presencia muy activa en las relaciones laborales. Ha reinstalado los "Consejos de Salarios" por área de actividad. Ha proclamado que su intervención en ellos no es neutral, sino que favorece a los "trabajadores". A eso hay que agregar la descomunal plantilla de empleados públicos que no cesa de crecer y vive a expensas del resto de la población mediante la transferencia compulsiva de nuestros ingresos.

La unión de esos factores ocasiona una paradoja: cuanto más gastan los "protegidos" políticos, mayor destrucción de riqueza se produce. La razón es simple: el dinero no está en manos de los individuos y empresas más productivos, sino en las de quienes logran presionar más y ser más favorecidos por las autoridades.

Así como el colesterol malo va sigilosamente obstruyendo las arterias, la intromisión estatal en la economía inexorablemente produce "infartos" en el organismo social.

© AIPE
 
Hana  Fischer es analista política uruguaya

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