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¡Por fin tenemos un Partido Liberal!

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Si nos atenemos a lo que dicen los "manuales" oficiales, con los que se educan la totalidad del alumnado del Uruguay, "aprenderemos" que el siglo XIX fue –como en casi toda Latinoamérica- políticamente muy inestable. Se sucedieron las guerras civiles por rivalidades entre "caudillos". Y que esos fueron, años "funestos" para el "país".
 
En 1876, se implantó una Reforma Escolar, que hasta el día de hoy es muy elogiada. Por medio de ella, se centralizó la enseñanza en manos de un organismo oficial, que pasó desde entonces, a "vigilarla".
 
De la mano de un caudillo civil, José Batlle y Ordoñez, hombre de gran temperamento, nuestra nación sentó los carriles sobre los cuales transitó a lo largo del siglo XX. Fue él quién impuso la enseñanza gratuita y obligatoria, ajustada a sus propios valores.
 
Su gobierno fue de los primeros en establecer lo que se ha dado en llamar leyes sociales de "avanzada". Se adelantó en imponer un "Estado de Bienestar", que favoreció a amplios sectores de la población. Nacionalizó las inversiones extranjeras, que en aquel entonces eran cuantiosas. Nacionalizó con gran fervor a diestra y siniestra. El argumento que declaraba para hacerlo, y repiten los niños escolares, es que el "Estado" nada se guarda y todo lo invierte en obras para la comunidad. Que no busca el despreciable "lucro" personal y no se "lleva" para el extranjero las ganancias.
 
Cualquier persona "educada" en el Uruguay "sabe", que con "Pepe" Batlle, nació el Estado Moderno. Asimismo, fue por su iniciativa que la liberal Constitución de 1830, bajo cuyo marco nos asentamos como nación próspera e independiente, fue sustituida por otra en 1917. Algunos consideran que gracias a ella, el Partido de Batlle se mantuvo en el poder casi ininterrumpidamente.
 
Hoy, su pensamiento influye de manera decisiva en cualquier asunto de importancia, sobre el cual el electorado deba decidir. Al punto que ya es lugar común decir, que "todos los uruguayos son batllistas".
 
En un continente donde aún hay vastas porciones de la población víctimas del analfabetismo, los uruguayos desde mediados del siglo pasado vencimos a ese flagelo. ¡Pero a qué precio! Con la excusa de "educar" a las masas populares, las autoridades educativas pasaron a decidir los contenidos y los programas. Las mentes son forjadas según el "molde" oficial. Se aniquiló al espíritu crítico. Hasta se podría llegar a considerar, que en el país no se educa, sino que se adoctrina.
 
En un país que se jacta de la temprana separación entre Iglesia y Estado (principios del siglo XX), el "batllismo" se ha convertido en una religión laica, descaradamente adoctrinada desde las aulas estudiantiles. Y encima, financiada con el impuesto de los contribuyentes.
 
Cuestionar al sistema educativo vigente, o a la visión histórica oficial, inclusive al estatalismo, se considera una "herejía". Que despertará la ira furibunda de miles de "inquisidores".
 
Pero la verdad, avalada en cifras incuestionables, es que nuestro mejor momento fue precisamente el siglo XIX. Mientras los políticos malgastaban los dineros del erario público (vicio recurrente), y endeudaban al país en pos de guerras y revoluciones, las personas comunes enfocaban sus energías en simplemente trabajar, ahorrar e invertir. Los extranjeros, obreros y capitalistas, eran bienvenidos. Y el país progresaba, hasta el punto de llegar a estar entre los seis más ricos del mundo.
 
Claro que no había la tremenda burocracia que nos asfixia actualmente. Tampoco la política era un medio de vida (no había políticos "profesionales"). Las empresas más poderosas no le pertenecían al Estado. Tampoco la gente, que mediante sus votos es la que mantiene este estado de cosas, estaba abiertamente adoctrinada.
 
Actualmente, casi no hay jóvenes, debido a la sangría emigratoria. El "Gran Hermano" controla la vida económica y algo más, de cada uno de nosotros. Tenemos la menor tasa de inversión extranjera del continente. La nación se debate entre la pobreza y el subdesarrollo.
 
En consecuencia, para poder devolverle al país su pasado esplendor, es muy bienvenida la cruzada libertadora que significa, el nacimiento de un Partido Liberal.
 
© AIPE
 
Hana Fischer es analista uruguaya

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