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El hombre que alimentó al mundo

Lo suspendieron en el examen de admisión universitario, aunque luego recibiría el premio Nobel de la Paz por impedir la malnutrición, hambruna y muerte de millones de personas.

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"El hombre que alimentó al mundo" (The Man Who Fed the World) es el título de la cautivadora biografía de Norman Borlaug, escrita por Leon Hesser, que publicará la editorial Durban House en septiembre.

Al doctor Borlaug se le conoce como "el padre de la revolución verde" por sus magníficos logros en aumentar las cosechas de plantas alimenticias y su vida ha estado repleta de extraordinarias paradojas. Su niñez la pasó en las praderas de Iowa, durante la Gran Depresión, asistiendo a una escuela de una sola aula y luego aspiró a una carrera científica, pero lo suspendieron en el examen de admisión universitario, aunque luego recibiría el premio Nobel de la Paz por impedir la malnutrición, hambruna y muerte de millones de personas.

El doctor Borlaug, quien tiene 92 años, luchó en su vida profesional contra inmensos obstáculos, incluyendo las barreras interpuestas por pesimistas y alarmistas, quienes insistían que era inevitable la muerte por hambre de cientos de millones de personas en África y Asia. Sus investigaciones lograron desarrollar variedades de trigo de alta productividad que lograron que México, India, Pakistán, China y varias naciones sudamericanas alimentaran a su población. Entre 1950 y 1992, la producción mundial de cereales se disparó de 692 millones de toneladas a 1.900 millones de toneladas, un aumento de 175%, mientras que la extensión de las tierras utilizadas para su cultivo aumentaba en menos de 2%.

El doctor Borlaug introdujo una serie de innovaciones. Él y sus colegas comenzaron injertando y cruzando miles de variedades de trigo alrededor del mundo para conseguir nuevas variedades resistentes a enfermedades, lo cual aumentó la productividad entre un 20% y un 40%. Luego diseñó una nueva variedad enana que no se desploma cuando se abona mucho.

También inventó la técnica de cosechas puente, plantando dos veces al año en lugar de una, en diferentes regiones de México. La posibilidad de tener dos cosechas al año redujo a la mitad el tiempo requerido para desarrollar una nueva variedad de trigo. Y debido a que las dos regiones tenían climas diferentes, las variedades resistentes a enfermedades se pudieron adaptar a tierras, latitudes y altitudes diferentes. Así se disparó la producción mexicana y las mismas técnicas fueron luego aplicadas y adaptadas a otras regiones del mundo.

Sin esa mayor productividad agrícola, millones de personas hubieran muerto de hambre o para aumentar las cosechas se hubieran tenido que utilizar áreas mucho mayores, destruyendo selvas y animales, a la vez que frenando la expansión urbana y comercial.

El doctor Borlaug recuerda sin rencor los absurdos obstáculos interpuestos a la introducción de variedades de plantas de alta productividad: "caos burocrático, oposición de los vendedores locales de semillas y siglos de costumbres, hábitos y supersticiones de los agricultores".

Seguimos necesitando aumentar la producción agrícola, al igual que tenemos que seguir luchando contra los obstáculos interpuestos a la innovación. Por eso, el doctor Borlaug ahora se dedica a asegurar el éxito del equivalente en el siglo XXI de la revolución verde: los transgénicos, la modificación genética de la agricultura. Esta segunda ola promete avances similares, ofreciéndonos la posibilidad de nuevos saltos en la productividad y menor utilización de químicos e insecticidas en la agricultura.

Sin embargo, los extremistas del movimiento ambientalista están haciendo todo lo posible para impedir el progreso científico, mientras que los burócratas de las Naciones Unidas están empeñados en apoyarlos. El doctor Borlaug insiste en que si los opositores a la biotecnología ganan la pelea, podrán precipitar las hambrunas y muertes que pronostican desde hace 40 años.

El doctor Borlaug demuestra su sabiduría con este comentario: "Es fácil olvidar que la ciencia nos ofrece algo más que una masa de conocimientos y un proceso para aumentarlos. Nos dice no solamente lo que sabemos, sino también lo que no sabemos. Identifica áreas de incertidumbre y nos ofrece un estimado del alcance y gravedad de esa incertidumbre". Norman Borlaug es un hombre que ha visto la vida claramente y la ha visto en su totalidad.
© AIPE
 
Henry Miller es médico, biólogo e investigador del Hoover Institution de la Universidad de Stanford

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