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Sequía estatal

En varios países de la Unión Europea se prohíbe la modificación genética de plantas, rechazando el consenso general de los científicos en apoyo de esas nuevas variedades. Es como si se prohibiera la fabricación de vehículos con frenos de disco.

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Varios años de sequía en California han vaciado las represas, asolado las tierras agrícolas, dañado los bosques e impulsado a funcionarios del Gobierno a imponer restricciones al consumo de agua. Los agricultores californianos producen más de la mitad de los vegetales, nueces y frutas de Estados Unidos y la situación climatológica empeora. Según el secretario de Energía, Stephen Chu: "Prevemos un escenario donde no habrá más agricultura en California. No sé cómo mantendremos las ciudades en funcionamiento".

Los científicos pueden aportar una solución parcial al problema, pero solamente si los reguladores lo permiten. La modificación genética ofrece una solución parcial a ese grave problema. En Estados Unidos y otros 24 países se utilizan variedades de cultivos modificados genéticamente para aumentar la producción agrícola y reducir la utilización de abonos que impactan el medio ambiente. Pero hay resistencia gubernamental y excesivas regulaciones.

Muchas de las nuevas variedades de cultivos se han diseñado para aumentar la capacidad alimenticia y para que sean más resistentes a las enfermedades que destruyen las cosechas, pero lo más importante es que logren tolerar largos períodos de sequía; incluso allí donde hay riego la utilización del agua se vuelve mucho más eficiente con estas técnicas.

La agricultura utiliza el 70 por ciento del consumo mundial de agua y bastante más de eso en zonas agrícolas y semiáridas como California, por lo que la introducción de plantas que consumen menos agua le permite a otros sectores utilizar ese recurso esencial. Y las nuevas variedades pueden ser regadas con agua menos pura, proveniente del reciclaje o con un alto contenido de sales minerales. Así se logra mayor producción por cada gota de agua.

Pero la excesiva regulación nacional e internacional, incluyendo la de organismos de las Naciones Unidas, han aumentado considerablemente el coste de producir nuevas variedades de cosechas. En varios países de la Unión Europea se prohíbe la modificación genética de plantas, rechazando el consenso general de los científicos en apoyo de esas nuevas variedades. La controversia y los costes adicionales resultan crueles para regiones como California, donde en cuatro condados se ha prohibido sembrar esas nuevas y resistentes variedades, afectando a los agricultores en estos tiempos difíciles. Es como si se prohibiera la fabricación de vehículos con frenos de disco.

Así, el precio de las verduras se dispara y se seca la grama de nuestros jardines.
© AIPE
 
Henry Miller es médico, biólogo e investigador del Hoover Institution de la Universidad de Stanford

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