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Lo verdaderamente importante

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En Chile se acepta con toda naturalidad que se califique de insuficiente un sueldo superior al que gana el 80 por ciento de los chilenos. No le alcanza, se dice, a un ministro para vivir.

No me asombra en lo más mínimo que un gobierno de izquierda tenga problemas para explicar qué se hizo la plata. Crecí oyendo historias sobre lo mismo. En mi infancia, en tiempos del Frente Popular, oí muchas veces la saga del tren que había salido de Santiago cargado de auxilios para las víctimas del terremoto de Chillán y nunca había llegado a destino. Se culpaba de la desaparición a los socialistas. A mis cortos años, lo que más me intrigaba era cómo una locomotora y muchos carros, sin otro camino que la vía férrea ni otro destino que la estación siguiente, podían, simplemente, desaparecer. Con el tiempo, comprendí que no había sido el tren lo que se había esfumado, sino la carga que llevaba, lo que ya me resultaba mucho más fácil entender.

Después, cuando ya tenía uso de razón, oí relatar la anécdota, también de tiempos radicales, cuando un partidario de ellos voceaba su desencanto ante la falta de atención que el régimen prestaba a sus aspiraciones: Si yo no pido que me den –decía–, sino que me pongan donde "haiga" (sic).

Luego, durante la Unidad Popular, cuando los "hombres nuevos" decían que "podían meter los pies" (cosa que hacían diariamente) "pero no las manos" (lo cual también hacían diariamente), la anécdota que más me solacé en divulgar en mis comentarios radiales fue la de un guerrillero brasileño llegado acá a colaborar con la revolución chilena, Belluce Bellucci Morais, a quien el SNS le financió un tratamiento psiquiátrico en París a fin de sacarlo de la depresión, mientras faltaban remedios en nuestros hospitales públicos.

Por eso no me ha causado extrañeza el rosario de irregularidades durante los 12 años de la Concertación ni, tampoco, la sucesión de episodios recientes, como los de las indemnizaciones millonarias, los cobros indebidos a concesionarios, la adjudicación de contratos públicos multimillonarios a una empresa de papel de un político socialista y la entrega a los ministros de sobres con billetes cuya procedencia éstos ignoraban y sobre cuyo monto no tributaban. ¿Novedad? Ninguna. Eso y no otra cosa es lo que la gente que no es de izquierda siempre ha esperado que suceda bajo un gobierno que sí lo es. Sí sorprende un poco la naturalidad con que la oposición y el "establishment" cohonestan el episodio de los sobres con billetes y se aprestan a entregar sus votos para que el dinero hasta ahora escondido en ellos pase a ser explícitamente parte del sueldo del presidente y de sus colaboradores más próximos. Se premia insólitamente, así, una sucesión de irregularidades: los sueldos públicos no pueden aumentarse sin ley que lo autorice, pero eso se ha hecho; los gastos reservados no pueden emplearse en un propósito ilegal, pero también se ha hecho; las remuneraciones de los funcionarios están sujetas a impuesto a la renta, pero ellos, dado que jamás han acreditado un solo gasto de representación, han evadido aquel impuesto. Se acepta con toda naturalidad que se califique de insuficiente un sueldo superior al que gana el 80 por ciento de los chilenos. No le alcanza, se dice, a un ministro para vivir. Entonces, el 80 por ciento de los chilenos ya tendría que estar muerto. Tal vez por eso, a fin de que sobrevivan el presidente, sus ministros y demás altos funcionarios, todo el mundo está de acuerdo en subirles el sueldo y dejarlos ganando, ahora, más que el 99 por ciento de los chilenos.

Pero nada de eso parece ser importante. El presidente Lagos nos explica qué es lo importante. Que hay turbulencias, ruidos y cosas, por cierto, pero el liderazgo consiste en tener claras las metas y aquí las tenemos tan claras como que estamos en esto, en un tema que era muy importante para la coalición, como es el fin de la censura cinematográfica.

¡Qué bueno! La probidad, el buen uso de los recursos, el gobierno honesto, nada de eso es lo fundamental. Lo verdaderamente importante es que los chilenos de todas las edades puedan libremente acudir a las salas de cine a ver películas pornográficas y así hacer de Chile una gran nación.

Hermógenes Pérez de Arce es analista político chileno.

© AIPE

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