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Un país socialista y violento

Los ciudadanos tenemos cada vez menos libertades. Los menos libres de todos son los más pobres, víctimas preferentes del socialismo, que ni siquiera los deja contratar libremente su trabajo.

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Sin violencia, usted en Chile no consigue nada. Aumentos de sueldo, pases gratuitos a medios de locomoción, terrenos, viviendas subsidiadas... todo lo puede obtener si junta suficiente gente en la calle y destroza lo que esté a su alcance, incendiando neumáticos y apedreando a carabineros. Estos ya salen a actuar pro forma. Todo el mundo sabe que sólo van a recibir pedradas y golpes. Si llegan a castigar a un vándalo, pueden perder el empleo. Por supuesto, están bastante desesperados. Como no pueden hablar, porque si dicen algo los echan, levanta la voz su cuerpo de generales en retiro, junto a otras 14 organizaciones de pasivos del arma. Recién emitieron una impresionante declaración, denunciando que el 11 y 12 de septiembre hubo 79 carabineros lesionados de diversa gravedad, que todos salvo uno de los 300 vándalos detenidos fueron puestos en libertad y que "la exaltación exagerada de los derechos humanos sólo favorece a la delincuencia". Pero ningún medio la publicó. En uno le pidieron cerca de dos millones de pesos al general (r) que la llevó. Reunió la suma, pero entonces le exigieron llevar un poder escrito de la autoridad de cada organización firmante. Entonces desistió y la denuncia quedó confinada a Internet, último refugio de la libertad de expresión.

Es que los uniformados son el sector más débil de la sociedad, con la excepción, ahora último, de los embriones humanos por nacer, a los cuales se liquida masiva y silenciosamente mediante pastillas abortivas gratuitas. Estos, al igual que los uniformados agredidos por delincuentes, juzgados ilegalmente o presos contra todo derecho, ni siquiera pueden levantar la voz. Peor aún, pues ni siquiera acceden a Internet.

Así, la sociedad se hace cada vez más violenta porque la fuerza prevalece. Y más socialista, porque el Estado se torna cada vez más poderoso. El economista Hernán Büchi precisó, días atrás, la gigantesca transferencia de riqueza de los particulares al Estado en estos años. Los ciudadanos tenemos cada vez menos libertades. Los menos libres de todos son los más pobres, víctimas preferentes del socialismo, que ni siquiera los deja contratar libremente su trabajo. Por eso, en el 5 por ciento más desposeído el desempleo llega a 48 por ciento.

Hace poco, los burócratas socialistas se dedicaron a perseguir a niños y jóvenes que ganaban propinas cargando paquetes en las afueras de los supermercados, para tener algo que llevar a sus míseros hogares. Les exigieron contratos de trabajo, imposiciones, baños y todo lo demás. Pero como no tenían empleador, pues trabajaban fuera de los recintos, los burócratas les prohibieron hacerlo, y los pobres se quedaron sin propinas, engrosando el número de los que hacen malabarismos, piruetas o, simplemente, piden limosna en las esquinas. El gobierno de la Concertación todavía no ha podido discurrir cómo dejar cesantes a estas personas que trabajan indeseablemente libres en las esquinas. Pero ya se le ocurrirá.

Es que el país mismo es de mentalidad socialista y contrario a la libre iniciativa. La otra noche, en un noticiero de TV que cada noche pide al Estado regular alguna otra actividad más, habían descubierto que quienes pasean por las calles perros de los dueños de departamentos lo hacían de una manera inaceptablemente no regulada y reclamaban legislación para controlarlos. Otro trabajo que perderán los pobres.

Salvo que destruyan, incendien o tiren bombas y piedras a carabineros, que es la manera de conseguir cualquier cosa en el régimen socialista y violento bajo el cual vivimos.
 
© AIPE
 
Hermógenes Pérez de Arce, es analista político chileno

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