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Zelaya se calló en Chile que había intentado forzar su reelección, ignorado su destitución por el Congreso y la Corte Suprema de Honduras y estar procesado por abuso de poder.

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Afectuoso recibimiento se le brindó en Chile al depuesto presidente Manuel Zelaya: honores, recorrido especial por el palacio presidencial y un banquete con presidentes de los Poderes del Estado y de los partidos políticos. Allí explicó que es víctima de un golpe militar. Por cierto que calló haber intentado forzar su reelección, ignoró su destitución por el Congreso y la Corte Suprema de Honduras, silenció estar procesado por abuso de poder y omitió su responsabilidad por la crisis que él desencadenó. A la salida de palacio, fue vitoreado por un minúsculo grupo encabezado por el senador Navarro.

Más tarde, realizó diversas actividades proselitistas. Al día siguiente, recibió la cortesía del erario nacional que asumió sus cuentas de hotel, se embarcó en el avión prestado por Hugo Chávez y prosiguió su gira en búsqueda de apoyo para reasumir la presidencia de Honduras por los restantes tres meses. Lleva casi dos meses en este intento y aún no logra sumar a ningún referente o disidente importante en su país.

Días antes, el presidente Uribe, de Colombia, hostigado por los aliados de Zelaya, visitó Chile. Dirigentes comunistas pidieron que se le declarara persona non grata y los mismos que vitorearon a Zelaya lo abuchearon a la salida del palacio presidencial. En su estancia de pocas horas, sobriamente logró revertir las reservas oficiales sobre las negociaciones de Colombia con Estados Unidos, para compartir instalaciones que permitan controlar el narcotráfico. Es probable que en la reunión presidencial el mandatario colombiano se haya referido al terrorismo de las FARC, a la participación de esa organización en secuestros, asesinatos, narcotráfico, financiación de campañas políticas en otros países, y a la tenencia de misiles antiaéreos anteriormente venezolanos. Seguramente, Uribe prefirió omitir los nexos de las FARC con Chile.

Nuevamente la retórica de la diplomacia se estrella con la realidad: Uribe, mandatario legítimo y en ejercicio, con altísima popularidad en su país, el segundo más poblado de la región, con territorio y economía superior más de 10 veces a los de Honduras y un socio comercial de Chile 60 veces mayor que Honduras, asediado por el socialismo del siglo XXI, no pide otra cosa que el respeto a la soberanía de Colombia. Zelaya, en cambio, deambula por el continente para presionar la intervención extranjera en los asuntos internos hondureños. Su cometido no es de extrañar, porque, al igual que todos los aliados de Chávez, practica esa intromisión, y lo hizo en Chile, sin que nadie reaccionara.

© AIPE

Hernán Felipe Errázuriz es abogado chileno, ex ministro de Relaciones Exteriores.

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