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Las infecciones de Chávez

A la sentencia de restituir al uniformado y a su enjuiciamiento por abuso del poder, Zelaya respondió con desacato. Fue destituido por el Congreso. Creía que bastaba con ser elegido para ser demócrata, como Hitler, Chávez y tantos otros.

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Ni en sus delirios soñó Chávez el apoyo que recibirían sus intervenciones a favor de sus aliados. Decían que era un payaso; luego, los pragmáticos lo ignoraron, para no potenciarlo. Logró facilidades para que Cuba retorne a la OEA. Ahora, pretende reponer sin condiciones al destituido presidente de Honduras. Hasta hace poco, sólo Venezuela, Cuba y Bolivia formaban el ALBA. Ahora son nueve. Todos para perpetuarse y controlar todas las instituciones públicas. "Son la economía y las instituciones, estúpido", es la clave de Chávez para extenderse en la región.

Se cree que en Chile estamos blindados de los males externos, incluso de las infecciones de Chávez: él tiene sus adelantados, los financiará y goza de alguna acogida en nuestras autoridades. Nos vanagloriábamos de nuestro patrimonio sanitario, pero somos de los más infectados del planeta: plantas, bosques, porcinos, bovinos, abejas, salmones y lo que nos corresponde del Arca de Noé –ahora, hasta los humanos– están azotados por plagas importadas. Chávez también nos puede salpicar.

En Honduras Chávez apoyó al díscolo Zelaya. Una vez que lo enganchó, lo instó a reelegirse, le proporcionó fondos y urnas para un plebiscito declarado inconstitucional. Zelaya insistió y destituyó al jefe militar, contrario a imponer el referéndum. A la sentencia de restituir al uniformado y a su enjuiciamiento por abuso del poder, Zelaya respondió con desacato. Fue destituido por el Congreso. Creía que bastaba con ser elegido para ser demócrata, como Hitler, Chávez y tantos otros. Tras su suspensión, asumió temporalmente el poder el presidente del Congreso. Casos similares de gobiernos civiles de transición se han sucedido sin reparos en la región. La OEA decidió intervenir, pero erró al sumarse sin más al ultimátum chavista.

Los hondureños en aprietos y la comunidad internacional expuesta al ridículo. Atizados por América Latina, con rapidez inusual, Obama y la ONU, aún indecisos sobre Corea del Norte e Irán, se unieron a Chávez en las condenas al segundo país más pobre de la región. Lo mismo hizo la Unión Europea, que tardó meses y un genocidio para intervenir en los Balcanes. Hasta Cristina Kirchner, derrotada y en emergencia sanitaria, pretendió viajar a Honduras para reponer a Zelaya. El ultimátum no resultó. El supuesto golpe no es claro; ahora tendrán que negociar, elegir un nuevo gobierno y rechazar las aspiraciones eternas de Zelaya. Da igual, todos se declararán vencedores. Así parece entenderlo finalmente Estados Unidos, que no puede compartir fórmulas de hecho, a favor o en contra del chavismo.

Si un marciano viera este espectáculo, retornaría a Marte.

© AIPE

Hernán Felipe Errázuriz es abogado chileno, ex ministro de Relaciones Exteriores.

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