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160 millones de mujeres desaparecidas

La principal consecuencia y la más horrible de este estado de cosas es que 160 millones de mujeres que deberían haber nacido no lo han hecho pero junto a ello podemos temer un largo catálogo de enfermedades sociales.

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En circunstancias normales nacen 105 niños por cada 100 niñas. Así compensa la naturaleza el que los niños tengamos menos probabilidades de sobrevivir a la azarosa infancia. Hoy en la India, nacen 112 niños por cada 100 niñas. En China 120 niños por cada 100 niñas. Encontramos tasas similares en otros países asiáticos y en determinadas repúblicas ex soviéticas. Tasas biológicamente imposibles sin intervención humana y que proceden de la práctica generalizada del aborto selectivo de mujeres. Desde la década de los setenta, cuando primero la amniocentesis y después los ultrasonidos permitieron a los padres conocer el sexo de su futuro hijo, 160 millones de niñas podrían haber sido así eliminadas.

Las causas son múltiples –comenzando por una larga tradición de preferencia por los hijos, que proveerán la ancianidad de los padres frente a las hijas que pasan a integrarse en la familia del marido–, pero no debe desdeñarse tampoco la influencia del neomaltusianismo occidental en los gobiernos. Autores como Ehrlich y entidades como Planned Parenthood han instilado la idea, absolutamente errada, de que la Tierra se encamina hacia la "superpoblación"

La principal consecuencia y la más horrible de este estado de cosas es que 160 millones de mujeres que deberían haber nacido no lo han hecho pero junto a ello podemos temer un largo catálogo de enfermedades sociales. La Chinese Academy of Social Sciences (CASS) ha calculado que a finales de la presente década entre treinta y cuarenta millones de chinos no podrán encontrar esposa. Se producirá un incremento de la violencia y del crimen y con ellos un aumento en la coerción estatal, lo que generará desafección, revueltas e inestabilidad política en dos áreas sensibles y nucleares. La consideración social de la mujer, en vez de aumentar con la escasez, descenderá al extenderse la compraventa de mujeres, el incremento de la prostitución y las bodas arregladas.

No hay una solución fácil ni rápida para este problema. La acción legal es complicada ya que tanto la determinación del sexo del nasciturus como el aborto selectivo son ya ilegales en China e India y lo llevan siendo durante años sin efectos apreciables.

Los países afectados deben hacer un esfuerzo constante por elevar la situación social de la mujer promoviendo su educación. Corea del Sur ha logrado revertir así la tendencia. En Occidente debemos denunciar las políticas de control de la población como los siniestros dislates que son. Sería extremadamente útil que el feminismo, tan estridente en defensa de la pacotilla, dejara de ignorar tan ostentosamente esta cuestión. El problema para cierto feminismo es que cuando llevas años tratando de redefinir el aborto como un derecho de la mujer es difícil limitarlo. Practicar un aborto porque el nasciturus es mujer no es finalmente distinto de practicarlo porque el niño nacerá con una minusvalía o pondrá en riesgo la salud de la madre.


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