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El mantra de la economía

Si Rajoy no revisa, y dispondrá de pocos meses para hacerlo, las leyes claves del socialismo correrá el riesgo paradójico de convertirse en el mejor albacea de José Luis Rodríguez Zapatero.

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La constante repetición de un mantra concentra poderosamente la mente de quien lo pronuncia creando cambios interiores y exteriores. La constante repetición por los líderes del Partido Popular del sugerente mantra "economía y nada más" ha producido ya efectos en la realidad política española y amenaza con seguir produciéndolos. No todos son positivos.

El primer efecto de la repetición de un mantra, de cualquier mantra, es narcótico. Para quien lo pronuncia y para quien lo escucha. La sociedad española, sumergida hasta la barbilla en una profundísima crisis económica corre el riesgo de quedar ciega a la no menos profunda crisis social e institucional que acompaña a ésta. Del mismo modo, un PP centrado exclusivamente en la economía está aceptando para sí y de buen grado el papel de mero técnico en reparaciones económicas, plantado a la puerta de la Moncloa con una enorme sonrisa y una no menos grande caja de herramientas, dispuesto a arreglar el estropicio dejado por dos legislaturas de zapatérica inepcia pero igualmente dispuesto a no tocar los desgarrones que en la fábrica social y en la institucional ha dejado Zapatero.

La gran ventaja que los arúspices genoveses encuentran en esta estrategia es que el adormecimiento podría transmitirse a los votantes de izquierda, que, afectados también al cabo por la crisis económica, aceptarían así a un Partido Popular explícitamente tecnocrático dispuesto a sacarnos de esta crisis económica pero también tácitamente comprometidos a no tocar ni uno sólo de los que ellos perciben como "avances sociales de Zapatero".

Y no digo yo que la estrategia sea mala. Lo que digo es que lleva en su interior dos semillas igualmente ponzoñosas esperando germinar. La primera aquí y ahora es la de la inacción. Al menos diez millones de españoles ven en el Partido Popular el partido que ha de representarles políticamente y esperan que defienda su visión de la sociedad y del mundo. Un PP concentrado exclusivamente en la economía con dejación de todo lo demás está privando a media sociedad española de referente político. La minuciosa vileza de Zapatero ha restado importancia electoral a esta cuestión pero ni un ápice de importancia política. Es razonable y aun imprescindible preguntar a Rajoy qué es lo que piensa hacer, en caso de llegar al Gobierno, con la ley del aborto, con el matrimonio homosexual, con la Educación para la Ciudadanía y también con el Estatut o ante la insumisión a la ley que anuncia ya Artur Mas. Es aceptable un cierto grado de indefinición en los programas electorales con los que los partidos se presentan a las elecciones, no creo que lo sea tanto que debamos aceptar que las elecciones se conviertan en una rifa tumultuaria con paquete sorpresa.

El segundo problema que plantea esta estrategia ocurrirá después de una hipotética victoria electoral del Partido Popular. Una victoria que nadie desea más que yo. Un Rajoy presidente elegido con una plataforma exclusivamente económica se vería doblemente imposibilitado para hacer las reformas no-económicas pero que nuestro país necesita tanto como las económicas. Rajoy está día a día proponiendo un pacto tácito a la izquierda española: "dejadme gobernar y sólo tocaré la economía". Un Gobierno de Rajoy habrá de enfrentar a todas la organizaciones de frente del PSOE: sindicatos, artistas y cejijuntos varios encontrarán, de súbito, la energía galvanizante que les ha faltado contra Zapatero. Pero ocurre que las reformas sociales de Zapatero no son inocentes sino que pretenden anclar para siempre España, o lo que de ella quede, en un izquierdismo entre mejicano y sesentayochista que garantizaría triunfo tras triunfo electoral al PSOE. Salvo catástrofe; léase crisis económica. Zapatero se ha esmerado y ha conseguido en buena medida que la sociedad española, jamás excesivamente combativa por sus libertades, se haya tendido blandamente en el lecho mientras trabaja sin descanso un Procusto con carné.

Si Rajoy no revisa, y dispondrá de pocos meses para hacerlo, las leyes claves del socialismo correrá el riesgo paradójico de convertirse en el mejor albacea de José Luis Rodríguez Zapatero.


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