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El Putsch de octubre

En las próximas semanas las divisiones Panzer del PSOE –sindicatos, zerolos, feministas y artistastros– dirigirán fuego graneado sobre el PP. JAG pasará a presentar los telediarios: cada día su detención.

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Suele recordarse que los americanos usan la expresión "pato cojo" para referirse al presidente que ve su poder drásticamente disminuido al acercarse el final de su mandato. Suele olvidarse, en cambio, que los chinos tienen un "pato a la pekinesa", al que primero se ceba, a continuación se descabeza, luego se asa hasta el churruscamiento y finalmente se cuelga, hasta que llega el momento de servirlo con salsa de ciruelas. El chino describe, con admirable precisión, la situación en la que ha quedado Zapatero tras el Putsch de Octubre.

El domingo 18, con los presupuestos garantizados, Zapatero declara enfáticamente en Ponferrada que no hará crisis de Gobierno más allá del cambio de Corbacho. En ese mismo momento, en un distante panel de mando se enciende una lucecita roja. Un hombre de edad avanzada se frota brevemente la barbilla y descuelga un teléfono. "Esto no puede seguir así. José Luis está fuera de la realidad y sólo piensa en su reelección. Sí... Sí. Cree que si la economía repunta él puede ganar el 2012... No... Ya hemos tenido demasiada paciencia. Cataluña está perdida pero nos estamos jugando Andalucía, Extremadura, Aragón y Castilla-La Mancha... Sí, que se encargue Rubalcaba de este trabajo. Quiero gente de fiar, que no se deje llevar".

A Rubalcaba no le cogió por sorpresa el encargo. Puntilloso, hacía semanas que lo esperaba y meses que tenía listo el plan de acción. El PSOE pierde las elecciones con Zapatero y por culpa de la economía, por lo que hay que librarse de ambos. La parte fácil fue librarse de Zapatero, por el procedimiento de convertirlo en primer ministro sin cartera. Todo el poder para Rubalcaba que, a partir de ese momento, se convertía en presidente del Gobierno de facto. La estrategia con la que Sarkozy laminó a Chirac: controlar todo, estar en todas partes, opinar de todo. Una explosión de sabor a Rubalcaba. Y Zapatero a papar moscas a la sombra de las muchachas en flor hasta el momento en que, antes de las elecciones anuncie que sentido, sensibilidad y Sonsoles no le dejan volver a presentarse. El partido ruega entonces a Rubalcaba que se presente. La estrategia Molowny.

La segunda jugada es más difícil y más arriesgada. Ni Rubalcaba ni sus jefes creen que la economía vaya a mejorar a corto plazo. Ni les importa. De ahí que se mantenga a la Salgado. Prohibido hablar de economía. Las elecciones se jugarán en tierra batida y en el País Vasco.

Rubalcaba ha contado los votos y ha visto que desde el 2004 Rajoy no ha ganado apenas pero que el PSOE los ha perdido a chorros, por tanto para ganar las elecciones basta con levantar del sillón a los votantes socialistas desencantados y para ello hay que recomponer la mayoría de izquierdas que él mismo manejó con tanta habilidad como éxito tras la matanza de Atocha. Rubalcaba va a repetir sus grandes éxitos. Canción a canción.

El primer paso es macerar bien al PP hasta conseguir su práctica muerte civil. Esta estrategia requiere tiempo y ya se ha iniciado. El alcalde de Valladolid ha sido descuartizado en público como advertencia. Rubalcaba lo ha dicho claramente: "Hay algo en la genética del PP" que "rechina un poco con algo que está asumido por los españoles: que la lucha por la igualdad nos corresponde a todos". Obviamente si el PP presenta semejante tara genética no puede ser curado, redimido ni aceptado en la sociedad política española. En las próximas semanas las divisiones Panzer del PSOE –sindicatos, zerolos, feministas y artistastros– dirigirán fuego graneado sobre el PP. JAG pasará a presentar los telediarios: cada día su detención. Rubalcaba ha comprado metros y metros de cordón sanitario, quizá en la misma ferretería del suegro de Vera en la que tiene cuenta abierta de palas y cal.

Pero la capitidisminución de los populares pudiera no ser suficiente ni suficientemente rápida para levantar 14 puntos de distancia en las encuestas. Para sorpresa de los socialistas, media España ya ha demostrado en dos elecciones sucesivas que no está dispuesta a dejarse eliminar sin pelea.

Entra la tregua de ETA. Entendamos que el final de ETA no supone la victoria automática del PSOE. Ni mucho menos. Supongamos que mañana ETA anuncia su inmediata e irrevocable disolución. Gran alharaca una semana, alegría un mes, descomunal esfuerzo mediático del PSOE, TVE y Televisiones Hermanas y un par de meses después sigue habiendo cinco millones de parados.

La negociación con ETA debe caerle encima al PP. Rubalcaba tiene que llevar a 12 millones de personas a votar PSOE y ello exige dramatismo y un paroxismo de la ceremonia del odio al PP que ha puesto en marcha Rubalcaba. Rubalcaba abrirá la danza de la paz con ETA, acercará a unos presos, liberará a otros. Todo será negociable: paz "sin vencedores ni vencidos", etarras volviendo a sus pueblos en loor de multitudes, autodeterminación, la entrega de Navarra... todo hasta que el PP se vea obligado a decir "basta". En ese momento ETA anunciará la ruptura de las conversaciones y la vuelta a las armas. Rubalcaba señalará inequívocamente al PP como responsable de cualquier nuevo atentado. "El PP nos ha robado la paz. Pásalo".

Rubalcaba. Químicamente. Puro.


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