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Seamos insostenibles

El único recurso natural verdadero es el cerebro humano y la única condición es que se le deje operar en libertad. Por eso cuanto más cerebros mejor.

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En una de sus últimas visitas a España declaró Revel que el totalitarismo cuando nace es siempre inofensivo y amable. De otro modo no sobreviviría a la infancia. El amable y retozón ecologismo de sandalia y flauta alimenta en su interior un monstruo anti-humano cada día más dificil de ocultar.

La prueba de lo que digo es fácil. Coja usted a un ecologista. Uno de verdad, de los que honran a Gaia no tirando de la cadena salvo los jueves impares, haga un par de preguntas hábiles y descubrirá que está interna, completa e irrevocablemente convencido de dos cosas: en primer lugar de que el hombre es fundamentalmente ponzoñoso para el planeta y en segundo, de que la solución a todos los problemas de la tierra es que haya menos hombres sobre su faz. Hemos de ser pocos, sostenibles, anti-consumistas, reciclones, conscientes del cambio climático y pobres como ratas franciscanas. Menos gente implica menor utilización de recursos, menos CO2, menos afección al planeta y más ballenas felices en el atlántico poniendose moradas de krill.

¿Cuántas veces hemos leído que la tierra no da más de sí, o que está sobreexplotada? El propio concepto de "sostenibilidad" sugiere sin demasiada sutiliza que, a menos que limitemos nuestro consumo en todos los aspectos estamos abocados a la desaparición como especie y, lo que suele parecer peor a la mayoría de los ecologistas, que nos llevemos por delante a un montón de especies animales, vegetales y si nos descuidamos aun minerales.

Naturalmente lo que tanto malthusiano como anda suelto no entiende es la fabulosa capacidad de adaptación de la humanidad. Como recordaba en una ocasión Mark Steyn, el hombre ha avanzado de situación insostenible en situación insostenible salvado siempre, bastante antes del último momento por un prodigioso ingenio. Recordarán muchos de mis lectores que durante los años 80 se calculaba que las reservas de petroleo se acabarían el año 2000, como muy tarde. Había quien precisaba más y se arriesgaba a dar el año 1998 como aquel en el que una humanidad atérida gastaría su última gota de "oro negro". Junio de 2010. Nada de eso ha pasado, salvo que los de siempre siguen anunciando nuevas catástrofes con agotadora insistencia.

Al contrario, lo que ha demostrado el hombre una y otra vez a lo largo de su existencia es que cuando una situación deviene "insostenible", encontramos la forma de superarla. Las sombrías predicciones de Malthus fueron desmentidas por el fenomenal crecimiento del siglo XIX, la revolución verde permitió el auge de Europa, cuando Londres estaba a punto de perecer enterrada en estiércol de caballo se inventó el motor de explosión. El único recurso natural verdadero es el cerebro humano y la única condición es que se le deje operar en libertad. Por eso cuanto más cerebros mejor. De hecho, la única amenaza real que enfrenta hoy la humanidad es el estremecedor descalabro demográfico que experimentan cada vez más países. Si queremos sobrevivir hemos de crecer. Cuantos más seamos, mejor. En serio.


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