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POLéMICA: LAS INTERVENCIONES DEL BCE

2. No a las "intervenciones" del BCE

¿Debe el Banco Central Europeo intervenir en los mercados cambiarios para frenar la depreciación del euro? La pregunta es retórica ya que el instituto emisor europeo ya lo ha hecho y los resultados no han sido los esperados por los intervencionistas. La primera vez intervino apoyado por la FED, el Banco de Japón, el Banco de Inglaterra y los bancos centrales de la Eurozona; la segunda actuó en solitario. En ambos casos, la intervención se ha saldado en un fracaso. Tras una leve apreciación del euro frente al dólar, la divisa europea volvió de depreciarse de nuevo, eso sí, los bancos centrales gastaron en la operación unos cuantos miles de millones de dólares.

Lorenzo Bernaldo de Quirós
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¿Por qué las intervenciones suelen fracasar? La respuesta es doble y elemental. En primer lugar, su éxito exigiría que se cumpliese una condición: la autoridad monetaria ha de poseer una información mejor que la del mercado acerca del verdadero valor de una divisa. La teoría económica, la evidencia empírica y el sentido común sugieren que eso es imposible, un típico ejemplo de la fatal arrogancia descrita por Hayek. En segundo lugar, en una economía abierta con libre circulación de capitales, la banca central carece de las reservas suficientes para defender el tipo de cambio de una moneda contra el sentimiento del mercado. En este caso, la intervención puede producir un efecto perverso: estimular los movimientos especulativos contra la valuta cuya tasa de cambio se pretende sostener.

La debilidad del euro es la consecuencia directa de la continúa salida de flujos de capital a largo plazo desde Europa hacia EE.UU. La causa de esa dinámica estriba en una combinación de unos factores que operan en el corto plazo (diferencial de tipos de interés y de crecimiento en favor de los Estados Unidos) y de otros que actúan en el largo (la mayor solidez de la economía norteamericana, la flexibilidad de sus mercados, sus impuestos y su gasto público más bajos, su superávit fiscal) que hacen más rentable y atractivo invertir en activos denominados en dólares que en los denominados en euros. Mientras esta situación no cambie, la “flamante” moneda de Eurolandia tendrá un valor sensiblemente inferior que la norteamericana.

En el terreno de los principios resulta chocante que algunos liberales asignen a la intervención la tarea de determinar el precio de la moneda en vez de dejar cumplir esa tarea a las fuerzas del mercado. Por añadidura. este enfoque refleja no sólo una grave incoherencia doctrinal sino un profundo desconocimiento de cómo funciona una economía abierta.
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