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POLéMICA: LAS INTERVENCIONES DEL BCE

4. El BCE cumple con su obligación

Sólo un profundo desconocimiento del origen y naturaleza del dinero y de la banca, unido a una considerable miopía para sacar las conclusiones monetarias pertinentes de la 1ª Guerra Mundial, de la crisis monetaria de los años 30 y de la otra crisis monetaria de los años setenta (monetaria, que no petrolífera) pueden hacer que la mayoría de los defensores del mercado estén en contra de las intervenciones en defensa de la moneda.

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Nadie habla ya del oro, y todo el mundo parece haber aceptado el papel moneda basado en el dólar como la máxima conquista monetaria de la Historia. Al menos, así nos lo han vendido. Primero fue Keynes, quien acuño la célebre expresión "bárbara reliquia del pasado" refiriéndose al oro. Posteriormente, los monetaristas de Chicago extendieron la errónea y perniciosa doctrina de que cualquier cosa podría servir como dinero, siempre y cuando llevase impreso el sello del Estado y se limitase su cantidad. O sea, que nos podíamos ahorrar el oro, depositando nuestra confianza en los gestores de la política monetaria.

Pero todos los experimentos con papel moneda que ha registrado la Historia han acabado en tragedia. Los chinos, antes de la llegada de Marco Polo, tuvieron que prohibirlo. El sistema de John Law (el primer boom especulativo bursátil de la Historia moderna alimentado con papel moneda) y el episodio de los asignados, ambos en Francia, hicieron a este país alérgico al papel moneda hasta tiempos muy recientes. El curso forzoso de los asignados se impuso a base de cortar cabezas. No es extraño que el Banco de Francia tenga una de las reservas de oro más importantes del mundo, y también una de las tasas más elevadas de atesoramiento privado de oro...; el gato escaldado, del agua fría huye. Los continentales emitidos por las autoridades revolucionarias norteamericanas en su guerra de independencia acabaron en una hiperinflación. Otro caso de hiperinflación es el papel moneda de Lenin en la Rusia revolucionaria. Y se podrían citar más.

No se piense que la causa de la inflación es el crecimiento excesivo de la masa monetaria. Esto último, más bien, es una consecuencia de la verdadera causa: el abuso del crédito. Por otra parte, pueden darse episodios hiperinflacionarios sin que hayan existido previamente crecimientos apreciables de la masa monetaria, eso sí, todos con papel moneda inconvertible. Las hiperinflaciones sólo son posibles con monedas que no gocen de conversión metálica. Un buen ejemplo es el greenback en la Guerra de Secesión norteamericana, que había suspendido su convertibilidad con el oro y que fluctuaba en valor respecto del oro en función del curso de la guerra, sin que hubiera habido nuevas emisiones, llegando a veces a perder más de un ochenta por ciento de su valor. Cuando la vuelta a la convertibilidad fue segura, su cotización con el oro volvió en seguida a la par. Otro ejemplo aún más patente es el de peso filipino administrado por las autoridades japonesas de ocupación. Sin que se hubiera emitido un solo peso de más, cuando el general Mac Arthur desembarcó en Filipinas y fue ganando terreno a los japoneses, el peso se fue hundiendo progresivamente hasta carecer totalmente de valor.

Sin embargo, no es cierto que el papel moneda carezca totalmente de valor. El sistema bancario que soporta la moneda tiene una serie de activos, entre ellos el oro, que puede liquidar en caso necesario para defender la cotización de su moneda. Y esto es precisamente lo que hace que la moneda conserve algún valor: que el emisor esté dispuesto a defenderla con los activos de los que dispone. Si el emisor insinúa que no va a defender su moneda de los ataques especulativos -que fue exactamente lo que hizo el BCE, cediendo a presiones de socialistas, comunistas y verdes alemanes y franceses, quienes creen con fervor fanático en las teorías del subconsumo-, los ataques especulativos se producirán con especial violencia, y no cesarán hasta que los emisores consigan convencer a los especuladores y los inversores de que defenderán la cotización de su moneda a cualquier precio; ya que en caso contrario, la moneda perdería completamente su valor en divisas, lo que ocasionaría una hiperinflación, esto es, una huída desesperada hacia los activos reales. Y para evitar eso están precisamente las reservas.

Por tanto, demuestran su ignorancia quienes recriminan al BCE por "gastar sus reservas" y por ir "en contra de los sentimientos del mercado". La función de las reservas de oro de los bancos centrales cuando existía el patrón oro, era principalmente defender la convertibilidad metálica de la moneda a un tipo de cambio fijo o, lo que es lo mismo, para pagar el 100% del nominal de sus deudas . Los cambios flotantes surgieron porque los sistemas bancarios no podían hacer frente a sus deudas debido a que abusaron del crédito (financiación de déficit públicos o de proyectos a muy largo plazo y de escasa rentabilidad). Pensar que los tipos de cambio flotantes -que dependen de rumores, declaraciones de políticos, gurúes estadísticos y del dinero caliente que huye de la rapacidad fiscal o de la inseguridad política- son una noble manifestación de las fuerzas del mercado, es estar profundamente engañado. Los inversores y ahorradores en una moneda tienen derecho a que el banco emisor les garantice una cierta estabilidad en el tipo de cambio -es lo menos que puede hacer-, ya que no se les devuelve el oro que se les robó y que, además, están sometidos a leyes de curso forzoso.

No confundamos la velocidad con el tocino.
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