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LA IGLESIA ORTODOXA RUSA

Al borde de una escisión

Una gran escisión se perfila en el seno de la comunidad cristiana ortodoxa rusa. Algunos de los popes más radicales llaman a no obedecer más a los gobernantes del país, ni a la jerarquía de la Iglesia. Piden a los fieles que no paguen impuestos al Estado, que abandonen las iglesias, que quemen sus casas y que se escondan en los bosques. Exigen todo esto, ni más ni menos, para alejar el fin del mundo que llegará muy pronto si se cumplen los planes del ministerio ruso de Hacienda. Este departamento pretende adjudicar a los ciudadanos un NIF, hasta ahora inexistente, con el propósito de mejorar el sistema fiscal. Pero según los predicadores radicales se trata del “sello satánico” con el que se pretende “marcar y robar” las almas de los ortodoxos.

Víctor A. Cheretski
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Poco tranquilizadoras han resultado las declaraciones del patriarca Alexy II y de los sabios más reconocidos de la Iglesia, que no encuentran ninguna relación entre el fisco y el mencionado peligro. En un intento por salvar la situación, el patriarca pidió al ministro de Hacienda, Guennadi Bukáev, que revisara sus planes. El ministro reaccionó en seguida y declaró que el NIF no sería obligatorio y que podría ser adjudicado no a las “personas físicas” sino a las fichas fiscales de los contribuyentes. Aseguró que nadie sería perseguido por no tener NIF: no perdería el trabajo, ni sería multado. Pero eso no ha podido disminuir la tensión.

Esta tensión aumenta con la ayuda de numerosos grupos laicos ultra-nacionalistas, xenófobos y antioccidentales. Echan leña al fuego asegurando que el NIF es un “invento judeo-masónico”, un engendro del llamado “kagal” –-del mítico gobierno mundial— que domina el mundo entero menos a Rusia, “único baluarte que resiste contra el mal universal”. De esta forma se reanima el antiguo mito de un “complot occidental con el propósito de acabar con la madre Rusia y su iglesia ortodoxa”. “La imposición del control total sobre nuestras vidas está financiada por el Banco Mundial, lo que confirma nuestras sospechas”, se dice en una carta abierta del grupo fascista, “Pamiat” (Memoria), dirigida al presidente, Vladimir Putin.

Y es más, en el mismo código de barras del NIF los ultra-ortodoxos, muy activos en las regiones periféricas de Rusia, y sus aliados nacionalistas, ven la presencia oculta de la cifra “seis” repetida tres veces. Aseguran que se trata del “mensaje del anticristo”. Dicen que cualquier persona que reciba un NIF, no podrá ser miembro de la Iglesia, ya que el “sello le aleja de Dios”. Los predicadores más activos de estas “ideas oscurantistas”, según los jerarcas de la Iglesia, son los “monjes impostores”, ciertos “ermitaños” y párrocos con “poca preparación espiritual”. “Desgraciadamente, los fieles en las provincias lejanas escuchan a veces más a estos elementos que al mismo patriarca”, comenta sobre esta situación el periódico digital ruso “Strana.Ru”.

El diario publica las palabras del sabio ortodoxo, archimandrita Tijon, que advierte contra la posible escisión de la Iglesia por culpa de “fanáticos degenerados y provocadores”. “Para salvarnos, los cristianos tenemos que seguir el camino de Jesucristo y llevar una vida digna. No debemos buscar enemigos virtuales en los ordenadores del fisco, sino luchar contra los enemigos reales, por ejemplo, el alcoholismo”, dijo esta autoridad religiosa en alusión a uno de los problema más graves de la sociedad rusa.

Mientras tanto, el clérigo como las autoridades rusas de sobra saben que la actual polémica religiosa acerca del NIF tiene raíces mucho más laicas. La población rusa, arruinada por las reformas de los años 90, ya no se fía de ninguna medida del gobierno. Sospecha que cualquier cosa puede empeorar aún más su situación. En el ambiente de miseria tercermundista y debido a la falta de confianza hacia los que mandan, sean autoridades laicas o religiosas, la protesta popular adquiere la forma de escisión espiritual. Un fenómeno habitual en Rusia en las épocas de crisis. La última gran división en el seno de la Iglesia Ortodoxa se produjo en los años 30. En el centro de la polémica estaba entonces la actitud ante el régimen comunista que se abría camino a costa de la desgracia de la población.
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