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BASURA SELECTA

Anita no pierde el tren

Hay famosos con una vida amorosa tan agitada, que te llevan a hacerte las preguntas más peregrinas. Ana Obregón, sin duda, es uno de ellos. Si pienso que fue fotografiada con Fulano en una playa, salió varias veces a cenar con Mengano y se le relacionó sentimentalmente con Zutano, antes de ser pillada a la salida de un hotel con Perengano, no puedo dejar de preguntarme: ¿Es afortunada en el amor o nunca ha tenido suerte con los hombres?

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Antes de intentar responder a semejantes sandeces, me gustaría plantear un par reflexiones más propias de Rosa Montero en plena campaña de captación de posibles compradoras de su última novela. En este país, cuando un caballero ha tenido mil romances, suele afirmarse con cierta admiración y envidia que las lleva a todas de calle (por utilizar una expresión tan coloquial como el propio razonamiento). Por el contrario, cuando una señora va acumulando nombres y apellidos de apuestos galanes en su hoja de vida, sin que ninguno de ellos llegue a compartir la titularidad de su libro de familia, suele decirse que la pobre no ha tenido suerte con los hombres. Al parecer, la felicidad femenina consiste en permanecer muchos años junto al mismo maromo, observando cómo va perdiendo pelo y engordando con los guisos caseros.

Ana García Obregón tiene la suerte o la desgracia (según se mire) de no haber desfilado hacia el altar o por los pasillos de un juzgado a ritmo de la siempre emotiva marcha nupcial. De este modo, no ha padecido los sinsabores de una convivencia prolongada, con sus inevitables tardes de fútbol, pero tampoco ha disfrutado de la comodidad de contar con un marido hacendoso que le lave el coche y le adecente el jardín los domingos por la mañana. Tal vez, el carácter inquieto y mercurial de Anita no se ajuste a la plácida rutina de la vida conyugal, aunque con su larga lista de novios ya podría sumar más maridos y divorcios que Zsa Zsa Gabor y Elizabeth Taylor. Como la memoria me falla y no recuerdo si Fulano fue primero que Mengano o posterior a Zutano, prefiero prescindir de la cronología y citar algunos de los novios de Anita por riguroso orden alfabético: el torero Rafi Camino, el empresario Jorge Juste, el aristócrata Alessandro Lequio, el abogado David López, el fallecido jugador de baloncesto Antonio Martín, el también aristócrata Cayetano Martínez de Irujo, el oftalmólogo Gabriel Simón y el futbolista Davor Suker. Parafraseando el título de una antigua serie televisiva, podría decir que "con ocho basta", pero seguramente serán muchos más, teniendo en cuenta que la Obregón lleva dos décadas dejándose fotografiar en compañía de atractivos señores, desmintiendo luego romances infundados e incluso acallando repiques de campanas de boda. Además de los falsos rumores y los infundios de la prensa rosa, la febril imaginación de la señorita Obregón (conocida en su mocedad como "Antoñita la Fantástica") también ha contribuido a que la lista de pretendientes y amantes sea tan extensa.

De los ocho señores citados en mi lista, ninguno de ellos responde a ese prototipo tan español de "Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio". Quiero decir con ello que Ana tiene buen ojo para escoger sus ligues, aunque se empeñe siempre en recordarnos su miopía. En los últimos dos años, la popular presentadora y actriz ya no piensa tanto en la aristocracia y el deporte y prefiere encontrar sus acompañantes de campo y playa en las profesiones liberales más cotizadas. Tal vez por aquello de la miopía, compartió toalla el verano pasado con el oftalmólogo Gabriel Simón, pero la relación no cuajó al darse cuenta Anita que su fama podía estar siendo utilizada por el galeno para ampliar su clientela. Esta primavera, Anita se ha dejado fotografiar varias veces en compañía de David López, un abogado de prestigio que ha abandonado parte de sus obligaciones profesionales para dedicarse a la literatura y escribir una novela con el inquietante título de "El semen de Nietszche", desde su refugio invernal en los Pirineos. El señor López forma parte de esa nueva clase social denominada "flexecutivos", es decir, altos ejecutivos que flexibilizan su horario laboral para dedicarse a otros menesteres más pastoriles, como cultivar tomates enanos en invernaderos, aprender a tocar la zambomba o construir catedrales con mondadientes. No sabemos aún si este ejecutivo sea tan flexible como para adaptarse al tren de vida de Anita y conseguir que ella se decida a pasar el resto de sus días pastoreando vacas en los Pirineos.
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