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BASURA SELECTA

Antonio David, el villano

Si la prolífica guionista venezolana Delia Fallo abandonase Miami para trabajar en algún culebrón nacional, encontraría un material apasionante en todas las historias de amores y desamores que rodean a Rocío Jurado y a las espinosas ramificaciones arbóreas de su familia. El culebrón de Delia Fallo podría tener más de 870 capítulos, cada uno de ellos con una cierta autonomía argumental dentro del conjunto, y se iniciaría en los felices años sesenta, cuando una joven tonadillera de Chipiona triunfa en los escenarios y luego cae noqueada en el cuadrilátero del amor, por las miradas subyugantes del apuesto boxeador Pedro Carrasco. Sin embargo, los amoríos de la tonadillera con el púgil, con su distanciamiento y posterior anulación matrimonial, no tendrían tanta audiencia como todos los episodios amargos que han protagonizado en estos últimos años la hija de la folclórica y un antiguo guardia civil que recorría las carreteras de Nuestra España repartiendo multas más a siniestra que a diestra.

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Como bien sabrá el lector, el miembro de la benemérita se llama Antonio David, un nombre muy adecuado para un galán taimado que a lo largo del culebrón acaba demostrando su verdadera personalidad de villano. Los seguidores de este folletín racial, que bien podría llamarse "El rocío de tus lágrimas", intuyeron desde un principio que nada bueno podía esperarse de aquel ambicioso mozuelo de reluciente tricornio. Los primeros indicios de su maldad salieron a la luz de taquígrafos y fotógrafos cuando se descubrió que Antonio David no reintegraba en su totalidad la cuantía de sus multas a la Guardia Civil. Este primer episodio, resuelto en los grises escenarios de los tribunales, no fue obstáculo para que se casase con la briosa Rocío Carrasco y luego tuviese un par de hermosos retoños, que fueron motivo de contento para sus abuelos y las portadas de las revistas del corazón, siempre tan proclives a las fotografías de cunas y pilas bautismales.

Como los nacimientos tan sólo dan para un par de capítulos, el culebrón del Rocío necesitaba argumentos con tensiones emocionales y conflictos irresolubles. Como buen rufián de colmillo retorcido, Antonio David Flores no defraudó las expectativas del público y comenzó a interpretar escenas de adulterios y engaños con algunas actrices de reparto (de beneficio), como la cimbreante Nuria Bermúdez, una "mademoiselle fatale" con la que llegó a aparearse seis veces en una sola noche. Dentro de las tramas paralelas posteriores del culebrón, la ambiciosa señorita Bermúdez acabó amartelada con el malvado Emilio Rodríguez Menéndez, abogado defensor del propio Antonio David en su demanda de divorcio de Rocío Carrasco y responsable de convertir las páginas finales de una historia de amor en expedientes farragosos y declaraciones escabrosas.

Conscientes de la gran audiencia de otras historias más sórdidas, como las inventadas por el propio Rodríguez Menéndez y su parada de monstruos, los guionistas del culebrón del Rocío han tenido que escribir explosivos diálogos para Antonio David, aprovechando el reciente fallecimiento de Pedro Carrasco, el llanto desconsolado de su viuda y los enrevesados litigios por su herencia.

Cuando parecía que el argumento de esta novela se encaminaba fundamentalmente hacia el papeleo de la sucesión, Antonio David ha concedido una entrevista en exclusiva a una publicación rosa, en la que confiesa sentirse enfermo cuando ve a sus hijos en el regazo del "otro" (Fidel Albiac). No contento con desacreditar al nuevo novio de Rocío Carrasco y postularlo como nuevo villano, Antonio David despotrica sin miramiento contra todo el entorno familiar de su antigua esposa y su antigua suegra. Tan sólo queda a salvo de su lengua flamígera su difunto suegro, pero aprovecha para desvelar las desavenencias con su hija por culpa del pérfido Albiac. Con tanto trapo sucio, se nos antoja acertadísimo que Antonio David tenga participación en un negocio de lavanderías. Nadie mejor para promocionar el lavado automático de esas manchas de grasa y aceite que afean la colada de toda buena familia.
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