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EL MUNDO DEL CóMIC

Astérix y Latraviata: un galo para los más pequeños

¿Quién no conoce a Astérix? Sus aventuras han sido traducidas a todos los idiomas, vendido millones de ejemplares, han sido leídas por gente de todas las edades, aclamadas por público y crítica... A estas alturas, el pequeño galo y su inseparable compañero Obélix son de los pocos personajes de cómic conocidos en todo el mundo, quizá sobrepasando en popularidad a Tintín y Superman. El aspecto infantil que tiene a primera vista va desapareciendo a medida que se lee el tebeo y se revela un guión inteligente, con grandes dosis de humor crítico, al que los dibujos de Uderzo dan un aire optimista que deleita a todos los lectores. Pero hace varios años, los irreductibles galos tuvieron que llorar ante una tragedia: el inmortal Goscinny, el guionista que tan inteligentemente había conducido la vida de Astérix y sus amigos, pasó a mejor vida, y Uderzo se encontró solo a la hora de continuar la serie.

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Teniendo en cuenta lo mencionado anteriormente, la noticia de la salida al mercado de un nuevo álbum causó gran expectación entre los aficionados. Uderzo había intentado continuar la serie con un par de álbumes más, “Cómo Obélix se cayó en la marmita” y “El mal trago de Obélix”, que aunque seguían siendo estupendos visualmente, pecaban de simpleza en el argumento. Y bien, en la tercera semana de este mismo mes, se puso a la venta en España “Astérix y Latraviata”, el nuevo álbum donde continuaban las aventuras de Astérix y Obélix. El acontecimiento fue recogido por varias cadenas de televisión y emisoras de radio, demostrando de nuevo la enorme popularidad de que goza el tebeo.

Y, tras su lectura, ¿qué se puede decir de este nuevo álbum de Astérix? Para empezar, que es una delicia gráfica. A pesar de su avanzada edad, el lápiz de Uderzo sigue siendo muy bueno (aunque el hecho de haber estado dibujando los mismos personajes durante varias décadas debe influir algo). Sin embargo, no logra alcanzar los niveles de excelencia de otros álbumes. El aspecto de los padres de Astérix y Obélix no es que despunte por su originalidad, pero todos SABÍAMOS que los progenitores de nuestros queridos galos serían igual que sus hijos, sólo que con canas. La apariencia de Pompeyo está bien, pero me suena a ya vista en anteriores álbumes.

Sin embargo, un buen dibujo no significa un buen tebeo. Tiene que haber una historia digna e interesante para que consideremos que la compra ha valido la pena. Y es ahí donde falla “Astérix y Latraviata”, en la historia.

Desde el principio se ve que a Uderzo la tarea de escribir los guiones de la serie le viene grande, muy grande. El esquema es más o menos igual que en anteriores aventuras: comienzo apacible (dentro de lo que cabe) en la aldea donde viven Astérix y Obélix, acontecimiento que pone en peligro la seguridad del pueblo (en este caso de un par de personajes), revelación de que los romanos están detrás de todo, y final trepidante en el que los galos solucionan el problema. Hasta ahí, bien. Pero es en los pequeños detalles donde se nota la ausencia de Goscinny. Por ejemplo, ¿dónde está la tradicional pelea a causa de los pescados podridos de Ordenalfabétix? ¿dónde están los esfuerzos del bardo por que la gente comprenda su arte? ¿dónde están las disputas entre el jefe y su esposa? Los secundarios casi no intervienen en la historia, y el peso de ésta recae en Astérix y Obélix, sus padres y la espía Latraviata. Los dos galos cumplen, pero no se puede decir lo mismo del resto de protagonistas. Latraviata no tiene casi interés, y la aparición de los progenitores de Astérix y Obélix debería ser una mera anécdota, no un hecho fundamental alrededor del cuál se mueve la historia. El humor es bastante peor que en anteriores entregas, con unos gags muy fáciles, previsibles e infantiles. Falta esa chispa de humor crítico que Goscinny le daba a las historias y que otorgaba a la serie su genialidad.

En definitiva, “Astérix y Latraviata” en un tebeo bueno, pero que decepcionará a cualquier lector que piense encontrar en él la excelencia de anteriores entregas. Ahora, más que nunca, Astérix está dirigido a un público muy infantil. Pero lo malo es que probablemente ni a ese público le gustará demasiado.
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