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LA OCDE Y LOS IMPUESTOS

Bandidaje internacional

La Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) está compuesta por 29 países industrializados, la mayoría de los cuales están en Europa, el Pacífico y América del Norte. Esta organización acaba de publicar un informe, “Hacia la cooperación impositiva”, que nos debe preocupar a todos.

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El informe concluye que las naciones con bajos impuestos dañan la economía mundial y procede a identificar a 35 países, culpándolos de “competencia impositiva dañina”. Según la OCDE, tal competencia maligna ocurre cuando los impuestos de un país son tan bajos que atrae los ahorros y las inversiones de los miembros de la OCDE. Por lo tanto, la OCDE insiste en que naciones tan diversas como Panamá. Liberia y Bahrein, lo mismo que los paraísos fiscales del Caribe y del Pacífico, eliminen sus dañinas políticas de bajos impuestos.

Según la OCDE es malo que los canadienses se muden a Estados Unidos para escapar de sus altos impuestos, o cuando un francés invierte su dinero en ultramar para evitar los altísimos impuestos de Francia. El objetivo de la OCDE es establecer un cartel impositivo, donde las naciones se pongan de acuerdo en la imposición de altas tasas de impuestos.

Como Estados Unidos es un país con impuestos relativamente bajos y se beneficia inmensamente de los ahorros y de las inversiones de los extranjeros, uno pensaría que Washington no quiere nada con la OCDE. Pero la realidad es otra.

La administración Clinton piensa que los estadounidenses pagan pocos impuestos y que nos debemos parecer más a Suecia o a Francia, donde el gobierno consume 60% de PIB. El secretario saliente del Tesoro, Larry Summers, está de acuerdo con la agenda de la OCDE, afirmando que “hay que combatir el problema de la dañina competencia impositiva”.

Summers considera que la habilidad del contribuyente de proteger su dinero es “la parte oscura de la movilidad del capital internacional”. Evidentemente que en nuestro país también hay políticos que comparten la manera de pensar de la OCDE en cuanto a que “la globalización, sin embargo, también ha tenido un efecto negativo en abrir nuevas maneras en las que las empresas o los individuos puedan minimizar sus impuestos... Tales acciones inducen distorsiones potenciales en los patrones de intercambio comercial y de inversiones, reduciendo el bienestar mundial”.

La OCDE no es otra cosa que el portavoz del estado benefactor. Si los países con altos impuestos son afectados por la competencia de países con bajos impuestos, ello amenaza el financiamiento de su estado benefactor. Entonces se ven obligados a reducir sus impuestos. Eso precisamente fue lo que sucedió a raíz de las rebajas masivas de los impuestos en Estados Unidos bajo el gobierno de Reagan. Ahora, las naciones con altas tasas impositivas quieren imponer sus prácticas al resto del mundo.

La manera como la OCDE planea imponer sus prácticas impositivas es a través de diferentes presiones, sanciones, aranceles, cuotas y demás restricciones al libre comercio. Ya Bermuda, Chipre, Malta, Mauricio, San Marino y las Islas Caimán han cedido, prometiendo cumplir los edictos de la OCDE.

Otras víctimas de la agenda en contra de los contribuyentes serán la privacidad financiera y, peor aún, la soberanía nacional. Si triunfan las ideas de la OCDE, los países que queremos eliminar el impuesto a la muerte y reducir el impuesto a las ganancias de capital para fomentar el crecimiento y el progreso económico tendríamos primero que conseguir el visto bueno de los burócratas de la OCDE en París o en Bruselas.

No hay que ser economista para darse cuenta de que todos los intentos de eliminar la competencia, incluyendo la competencia en los impuestos, amenazan nuestro bienestar y nuestro futuro.

© AIPE

Walter Williams es decano del departamento de economía de la Universidad George Mason.
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